GARCÍA DE SILVA Y FIGUEROA: EMBAJADOR ESPAÑOL ANTE PERSIA Y CRONISTA DE ORIENTE

Antes de que los orientalistas europeos comenzaran a excavar las ruinas de Persia y Mesopotamia, el embajador español García de Silva y Figueroa recorrió Oriente Próximo, Persia e India, identificó Persépolis y reconoció el cuneiforme como escritura. Este artículo reivindica su figura en el cuarto centenario de su muerte, frente al olvido impuesto por la historiografía anglo-francesa de los siglos XIX y XX.

Contexto histórico

Entre los siglos XVI y XVII, el escenario internacional estuvo marcado por intensas tensiones religiosas, comerciales y territoriales. El Imperio Otomano, en pleno apogeo, dominaba gran parte de Europa oriental, el norte de África y Oriente Medio, mientras que el Imperio Safaví[1] de Persia, de confesión chií, mantenía una relación ambivalente con los otomanos, alternando conflictos y diplomacia.

La rivalidad entre el Imperio Otomano y la Dinastía Safaví ofreció a las potencias europeas, y en particular a España bajo Felipe II y Felipe III, una oportunidad estratégica para contener la expansión turca. La unión dinástica con Portugal (1580–1640) permitió a la Monarquía Hispánica acceder a las rutas comerciales orientales y afianzar su presencia en enclaves clave como Ormuz, Goa, Macao y Filipinas. En este marco geopolítico, el estrecho de Ormuz se convirtió en un punto neurálgico para el comercio asiático y en un canal privilegiado para establecer vínculos diplomáticos con Persia, justo cuando la competencia con ingleses y holandeses comenzaba a intensificarse en la región[2].

Por su parte, al Imperio Safaví le resultaba conveniente establecer vínculos con las potencias europeas para articular alianzas estratégicas frente al avance otomano. En ese marco, se iniciaron diversas legaciones diplomáticas hacia Europa, orientadas a consolidar apoyos políticos y comerciales. Es en este contexto de intercambios diplomáticos, rivalidades territoriales e intereses cruzados donde la Monarquía Hispánica decide intervenir, enviando en 1612 una embajada oficial a Persia encabezada por el diplomático y humanista García de Silva y Figueroa[3].

Orígenes, juventud y educación

La historia del protagonista de nuestro artículo comienza con su nacimiento el 29 de diciembre de 1551 en Zafra (Badajoz)[4]. Hijo de Gómez de Silva y de María de Figueroa, pertenecía a una familia noble vinculada a los Duques de Feria. Un primo suyo, el jerezano don Juan de Silva, habría de ser también gobernador de Filipinas entre 1609 y 1616.

Durante su juventud, don García recibió una esmerada educación, no solo en el manejo de las armas —como era habitual en los jóvenes de su clase— sino también en distintas ramas del saber: Historia, latín, italiano[5], aritmética, literatura... Esta formación le proporcionó un valioso bagaje enciclopédico que alimentó su gusto por las artes y el conocimiento histórico. Más adelante, su posición social le permitió cursar estudios de Leyes en la prestigiosa Universidad de Salamanca.

Vida como militar y funcionario real

Tras completar sus estudios universitarios, García de Silva y Figueroa se trasladó a la corte de Madrid, donde inició su carrera al servicio de la monarquía como paje de Felipe II. Más tarde se incorporó a los Tercios de Flandes, participando en las guerras del norte europeo y alcanzando el grado de capitán.

De regreso a España, desempeñó cargos en la administración real como corregidor en Badajoz, en la Secretaría de Estado y en Jaén (1595–1597), donde sustituyó a Gonzalo de Ulloa. Durante esta etapa colaboró en la recluta de tropas jiennenses para el Marqués de Medina Sidonia, responsable de la defensa de la costa gaditana frente a la amenaza inglesa.

Hacia 1609, según Joaquín Mª Córdoba, el marqués de Velada y miembro del Consejo de Estado le consulta sobre los descubrimientos geográficos de Lorenzo Ferrer Maldonado del Paso de Anián (hoy, Estrecho de Bering) que García de Silva rechazará por inseguros e inciertos. El ser llamado a consultas indica ya que De Silva era considerado por su saber, un experto geógrafo, cosmógrafo[6] y humanista, además de tener un gran potencial como diplomático.

Retrato hipotético de García de Silva generado por IA a partir de la descripción física que hace del embajador español el viajero Pietro della Valle y de los propios escritos de Don García vistiendo el 'negro español' que causó sensación en la corte del shah Abbás. Por desgracia no tenemos cuadros o grabados que nos indiquen cómo pudo ser físicamente De Silva. Créditos foto IA: Mabel Villagra

Embajador ante el Shah de Persia

El 2 de octubre de ese año, el Consejo de Estado le elige como embajador de España ante la corte de Persia. Dos años antes, el shah Abbás I había enviado a Europa dos embajadas que llegaron en 1611[7] requiriendo con urgencia una alianza diplomática ante el avance turco.

Mientras se hacían los preparativos, llegó a finales de 1613 a la corte de Madrid una legación de dos monjes agustinos con cartas enviadas por el shah Abbas I con la propuesta de una alianza militar contra los otomanos.

Una serie de retrasos técnicos y burocráticos con el Consejo de Portugal hicieron que De Silva quedase en territorio español un año más, hasta 1614, lo cual permitió preparar mejor el viaje para el cual se fletaron tres navíos (una nave capitana, otra almiranta y un navío de apoyo).

Don García iba en la nave capitana acompañando al enviado del shah, el armenio Cogelafer[8]. Llevaban también consigo ricos regalos diplomáticos: armamento (una lujosa espada, morriones y arcabuces), un perro mastín, un brasero de oro y un cargamento de pimienta[9], así como la gran biblioteca del embajador, con libros de autores clásicos como Homero, Diodoro, Arriano, Plutarco, Quinto Curcio Rufo y Serlio.

De Lisboa a Goa

Por fin, el 8 de abril de ese año de 1614 zarparon desde Lisboa haciendo la ruta de África por el Cabo de Buena Esperanza rumbo a Goa, llegando a la ciudad indo-portuguesa en noviembre de ese año tras 7 meses de travesía.

Allí, estuvo casi dos años retenido debido a diferencias con el entonces gobernador portugués de la plaza, Jerónimo de Azevedo, quien consideraba que el embajador ante Persia debía de ser portugués y no español[10]. En ese intervalo despachó una intensa correspondencia diplomática con el rey.

La isla de Goa (India), tal cual viene representada en los 'Comentarios' de García de Silva (Fuente foto: BNE)

Durante su estancia prolongada en Goa, García de Silva comenzó a escribir sus primeras observaciones sobre la India portuguesa. Nos ofrece un testimonio único sobre sus habitantes, monumentos, religiones y costumbres, que permite conocer con detalle este enclave luso a comienzos del siglo XVII[11].

Vista la situación, el embajador tuvo que armar él mismo una nave de 20 tripulantes moros de Bahréin y un piloto persa, Mustafá, para viajar al Golfo Pérsico. Finalmente, la comitiva diplomática pudo salir de Goa el 19 de marzo de 1617.

Rumbo al Golfo Pérsico

Tras un mes de azaroso viaje, llegaron a Mascate, enclave portugués y de ahí viraron a Ormuz, también plaza lusitana bajo la Corona española, en abril de 1617 donde fueron recibidos por el gobernador de la fortaleza, Luis de Gama. García de Silva nos describe una ciudad de 40.000 almas entre las que hay también indios y hasta judíos, algunos sefardíes que hablan español[12]. En Ormuz sin embargo también tuvo los mismos obstáculos por parte de los portugueses y tuvo que permanecer en el enclave hasta el otoño de ese año.

Desde Ormuz prosiguieron el viaje bordeando lo que hoy son la costa iraní y arábiga del Golfo Pérsico hasta llegar a la costa de Bandar o Bandel (posiblemente, Bandar-i-Abbas) el 12 de octubre.

Allí en Bandar-i-Abbas fueron recibidos por un funcionario real persa, Qasem Beg, en nombre del Shah Abbas I.

En tierras de Persia

Ya en Persia, García de Silva prosiguió su viaje en palanquín, acompañado por Qasem Beg, hasta la ciudad de Lar y, desde allí, a Shiraz, donde llegaron en noviembre de 1617. Permaneció en esta ciudad hasta abril de 1618, debido a que el invierno dificultaba el desplazamiento hacia Isfahán, capital del Imperio Safaví.

Mapa actual de Irán con algunas de las ciudades persas por las que pasó De Silva. Fuente foto: Wikipedia/CC

En su trayecto de Shiraz a Isfahán, García de Silva escuchó por primera vez, en boca de los lugareños, hablar de las ruinas de Chilminara, un lugar situado en la región de Marvdasht, cuyo nombre deriva del topónimo persa Çehel Minara ("Las cuarenta columnas").

La visita a Persépolis

Intrigado por las ruinas, el 7 de abril de 1618, García de Silva decidió visitarlas personalmente. Tras examinar la zona y, como profundo conocedor de las fuentes grecorromanas, identificó el lugar con las descripciones de Plutarco, Heródoto y Plinio sobre Persépolis. En sus escritos propuso que Chilminara no era otra cosa que la antigua capital del Imperio Aqueménida, residencia de Jerjes y Darío. Su intuición, notablemente precisa, se adelantó en siglos al trabajo de los arqueólogos europeos e iraníes, quienes más tarde confirmarían su tesis mediante excavaciones en la región.

Durante la visita, García de Silva ordenó realizar bocetos de los relieves y de los enigmáticos grabados que observó en los muros. Con mirada casi científica, identificó y describió la escritura cuneiforme como un sistema complejo, reproduciendo en dibujos varias líneas de las inscripciones de Persépolis.

Dibujo de escritura cuneiforme en los Comentarios de García de Silva (Fuente foto: BNE)

Posteriormente, el descubrimiento de García de Silva sería confirmado por el viajero italiano Pietro della Valle[13] quien en 1621 visitaría estas ruinas tomando también él extensas notas de las inscripciones y bocetos de los bajorrelieves.

En la corte del Shah Abbas I

Tras dejar Persépolis, la comitiva de García de Silva se dirigió a Isfahán a la espera de ser recibidos en audiencia por el Shah Abbas I. En aquel momento, tal como comenta Caroline Stone, en Isfahán estaba llevando a cabo el shah una gran reforma urbanística en la ciudad construyendo madrasas y mezquitas. Nos cuenta Pietro della Valle que en Isfahán el monarca persa solía ir por la noche a los cafés y que solía frecuentar la tienda de un comerciante de arte italiano[14]. También nos describe la ciudad que contaba con comunidades judías, india y cristiana, esta última radicada en el barrio de Nueva Julfa, en donde Abbas I asentó a 150.000 armenios en 1606 procedentes de Azerbayán.

A finales de mayo, el embajador llegaba a Isfahán siendo recibido por el gobernador safaví y europeos residentes allí, entre ellos algunos frailes carmelitas y agustinos. El 1 de mayo de 1618 haría su entrada oficial en la ciudad vistiendo él y su comitiva de gala y a caballo.

Posteriormente, el shah ordenó al séquito del embajador ir a Qazvin, a donde llegó el 15 de junio de 1618, siendo agasajado a la noche con una parada y un gran festín. Dos días después, García de Silva fue por fin recibido en audiencia por el monarca persa. Con ellos 600 porteadores llevaban los obsequios diplomáticos enviados desde Lisboa, los cuales fueron entregados con solemnidad al monarca persa como muestra de buena voluntad entre ambas coronas.

Durante la audiencia, García de Silva intentó abordar el asunto de una posible alianza militar contra el Imperio Otomano y tratar el tema de las posesiones como Bandar-i-Abbas arrebatadas a los portugueses en 1615, pero el shah evitó pronunciarse directamente sobre el tema[15]. No obstante, expresó su descontento ante el diplomático español, reprochando la lentitud de las potencias europeas en brindarle apoyo frente a la amenaza otomana, una ayuda que, según él, había sido prometida pero nunca concretada. Aunque no trataron del tema principal, el shah le prometió verse con él en una nueva audiencia ya que debía ir a combatir a los turcos y le pidió que le esperase en Isfahán.

Aquel español con barba blanca y sobria vestimenta fue visto con curiosidad casi burlesca por la corte persa debido a la severidad de las costumbres españolas y su rechazo a los placeres lujosos.

En julio de 1618 la comitiva española dejaba Qazvin y ponía rumbo a Isfahán.

Regreso a Isfahán y segunda audiencia con el Shah

A Isfahán García de Silva llegó enfermo en agosto de ese año y allí encontraría a otro español, el franciscano y misionero en Filipinas, Francisco Moraga, que se uniría posteriormente a la comitiva diplomática.

La embajada española tuvo que esperar un año antes de ser recibidos por el shah. García de Silva y Figueroa aprovechó su estancia en Isfahán no sólo para despachar con España los asuntos diplomáticos pertinentes[16] sino también para profundizar en el conocimiento del país y recorrer nuevas ciudades, entre otras, Qom y Kashan, donde pudo ver los ceremoniales chiítas de la Ashura por la muerte de Husseyn.

A lo largo de sus desplazamientos, De Silva registró con notable minuciosidad todo cuanto observaba. Dialogaba, mediante intérpretes[17], con sabios y habitantes locales, con el propósito de reconstruir la historia de los lugares visitados. Estas informaciones eran luego contrastadas con su vasto saber enciclopédico, nutrido de fuentes clásicas y medievales. Sus escritos ofrecen descripciones vívidas de mercados, pueblos y prácticas religiosas, con especial atención a las minorías étnicas y religiosas como la de los zoroastrianos, cuyos rituales le causaron profunda impresión.

Además, consultó fuentes persas —probablemente también a través de traductores— como Jandamir, para documentarse sobre figuras como Tamerlán, la batalla de Angora, e incluso menciona el viaje del embajador castellano Ruy González de Clavijo[18], estableciendo así conexiones entre la historia persa y la tradición diplomática hispánica.

Finalmente, en agosto de 1619, el shah regresó a Isfahán y recibió por segunda y última vez al embajador español en la plaza del Maidan de la ciudad. Sin embargo, el encuentro se saldó con promesas vagas y ambiguas hacia la Monarquía Hispánica, lo que llevó al embajador a sentir que su misión diplomática había resultado infructuosa. Tal como recoge en sus Comentarios, comenzó a observar con creciente inquietud la consolidación de la presencia holandesa e inglesa[19] en el Golfo Pérsico, y temía que España y Portugal terminaran perdiendo el enclave estratégico de Ormuz[20].

Tras recibir el permiso del shah Abbas I para volver a España, García de Silva inició el viaje de vuelta hacia la región del Golfo Pérsico, pasando de nuevo por Shiraz y hasta alcanzar Bandar Abbas en octubre de 1619. Desde esta ciudad pasó a Ormuz, donde tras pasar el invierno, embarcó rumbo a la India portuguesa.

Fortaleza de Ormuz, hacia 1556, según el libro de Gaspar Correia, 'Lendas da India' (1854). Fuente foto: Wikipedia/CC

La travesía fallida

Llegado a Goa el 25 de abril de 1620, De Silva se encontró de nuevo con el recelo del gobernador portugués que le dificultó el viaje de vuelta. A pesar de ello, De Silva logró embarcar rumbo a Europa en diciembre de ese año.

Sin embargo, al llegar a las costas de Mozambique, el barco se vio obligado a regresar a Goa debido a la falta de vientos favorables, llegando de nuevo a Goa en mayo de 1621. Este contratiempo marcó su tercera estancia en Goa, breve pero significativa.

En esta tercera estancia en Goa, que se prolongaría casi dos años más, García de Silva aprovechó para seguir escribiendo sus Comentarios, reflexionando sobre la pérdida de Ormuz (1622) que finalmente cayó en manos persas con ayuda inglesa. También debió recibir la noticia de la muerte de Felipe III.

El 11 de noviembre de ese mismo año 1622 otorgó testamento para ser enterrado en una capilla de la Iglesia de San Benito en Zafra[21].

Regreso a Europa y muerte en alta mar

Finalmente, en febrero de 1624, García de Silva logró embarcar nuevamente rumbo a Europa. Sin embargo, su travesía se vio truncada en el océano Atlántico, donde falleció a la altura de las islas de Azores por escorbuto el 22 de julio de 1624, sin haber alcanzado tierra firme. Metido en un ataúd, el embajador fue sepultado en el mar. Cuenta una relación que su ataúd no se hundió, sino que estuvo dando vueltas alrededor del navío por dos días[22].

Reconstrucción hipotética mediante IA de la ceremonia de sepelio marino de García de Silva a bordo de la carabela que le llevaba a España. Al fondo, a izquierda se ven las islas Flores y Cuervo, las más occidentales de las Azores.

Los Comentarios de García de Silva: trascendencia y valor

Los Comentarios de la embajada al rey de Persia, fruto del extenso viaje de García de Silva y Figueroa por Oriente Próximo, India y Persia, constituyen una obra excepcional que permaneció inédita en castellano hasta 1903.

Más que una simple crónica diplomática, este manuscrito revela a un humanista viajero que recorría el mundo con su biblioteca, contrastando fuentes clásicas, medievales y contemporáneas para describir con rigor los territorios que exploraba.

Su sólida formación y curiosidad intelectual se manifiestan en observaciones detalladas sobre geografía, arqueología, etnografía, lenguas, música, historia, astronomía y otras ramas del saber. Gracias a este enfoque, identificó con precisión las ruinas de Persépolis, relacionándolas con las descripciones antiguas y ubicándolas de forma exacta. Fue, además, probablemente el primero en época moderna en reconocer que las inscripciones cuneiformes eran una forma de escritura y no simples dibujos, anticipando así el desarrollo de la epigrafía oriental.

Detalle de uno de los relieves del palacio de Persépolis según el manuscrito. Créditos foto: BNE. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica (BDH)

Aunque trajo consigo testimonios gráficos de la ciudad persa y de sus inscripciones, estos materiales no fueron conocidos ni valorados hasta mucho después, mientras otros relatos posteriores y menos rigurosos fueron considerados pioneros del Orientalismo. Es por ello por lo que debemos reivindicar la obra de García de Silva, porque no solo anticipa el enfoque moderno de la exploración científica y cultural, sino que ofrece una de las primeras miradas europeas verdaderamente informadas sobre el mundo persa.

Bibliografía

CÓRDOBA, Joaquín Mª (2005). "Un caballero español en Isfahán. La embajada de Don García de Silva y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)". Arbor CLXXX, 711-712 (Marzo-Abril 2005), pp. 645-669.

CÓRDOBA, Joaquín Mª (2012). "Viajes, hallazgo y fortuna de dos viajeros europeos del siglo XVII en Irán. García de Silva y Pietro della Valle" en Isimu 14-15 (2011-2012): pp. 165-217.

DE CASTRO Y CASTRO, Manuel (1998). "Nueva relación de la embajada de Don García de Silva y Figueroa a Persia. 1619" en Hispania Sacra 50.

ESCRIBANO MARTÍN, Fernando (2023). "El viaje por Irán de García de Silva y Figueroa. Un recorrido topográfico y cartográfico", en Revista Isimu 23: pp. 99-116. https://doi.org/10.15366/isimu2020.23.005

MARÍAS, Fernando (2002). "Don García de Silva y Figueroa y la percepción de Oriente: La Descripción de Goa" en Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte 14 (2002): pp. 137-149.

REVERTE, Javier (2022). "La mitad del mundo". La frontera invisible. Un viaje a Oriente. Barcelona: Penguin Random House Editorial. pp. 174-190.

VILLAGRA, Mabel (2023). "Juan de Persia, de príncipe persa a cortesano español" en Blog de La Casa del Recreador.


Notas

[1] También llamado en algunas fuentes, Imperio Safávida. Los safavíes fueron una dinastía chií que gobernó Persia entre 1501 y 1736. Durante el periodo 1550–1650, especialmente bajo el reinado de Shah Abbás I (1588–1629), consolidaron un Estado centralizado, promovieron el islam chiita como religión oficial y enfrentaron al Imperio Otomano en repetidos conflictos. Su gobierno marcó el renacer político y cultural de Irán y sentó las bases del Estado moderno persa.

[2] ESCRIBANO MARTÍN, Fernando (2023). "El viaje por Irán de García de Silva y Figueroa. Un recorrido topográfico y cartográfico", en Revista Isimu 23.

[3] VILLAGRA, Mabel (2023). "Juan de Persia, de príncipe persa a cortesano español" en Blog de La Casa del Recreador.

[4] Así lo recoge una partida de bautismo firmada por el bachiller Diego Fernández. Algunos autores creen que nació en una localidad cercana a Zafra, Medina de las Torres, e incluso cambian la fecha del nacimiento a 1550.

[5] CÓRDOBA, Joaquín Mª (2005). "Un caballero español en Isfahán. La embajada de Don García de Silva y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)". Arbor CLXXX, 711-712 (Marzo-Abril 2005), p. 649.

[6] Esto se verá después en sus Comentarios cuando habla de latitudes o nos habla de las estrellas, un conocimiento que nos indica que en estos años también se había formado en cosmografía y geografía.

[7] Hubo varias legaciones que llegaron a Europa, y a España, entre 1600 y 1615. La de Husayn Beg y Antonio Sherley de 1599, la de Uruch Beg y Ali Quli Beg (que se quedarían en España como Juan y Felipe de Persia respectivamente), la de Robert Shirley y, por último, la de Dangis Beg. Véase VILLAGRA, Mabel (2023). "Juan de Persia, de príncipe persa a cortesano español" en Blog de La Casa del Recreador.

[8] CÓRDOBA, Joaquín Mª (2005). Art. cit. p. 652.

[9] REVERTE, Javier (2022). "La mitad del mundo". La frontera invisible. Un viaje a Oriente. Barcelona: Penguin Random House Editorial. pp. 174-190.

[10] MARÍAS, Fernando (2002). "Don García de Silva y Figueroa y la percepción de Oriente: La Descripción de Goa" en Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte 14 (2002): p. 139.

[11] Por ejemplo, nos habla de que en Goa coexistían portugueses, mestizos, cristianos naturales y una población de "banianes y brâmanes". También nos describe a los yoguis. Véase MARÍAS, Fernando (2002). Art. cit. pp. 137-149.

[12] CÓRDOBA, Joaquín Mª (2005). Art. cit. p. 657.

[13] STONE, Caroline (2014). "Pietro della Valle, peregrino de la curiosidad". En Aramco. Disponible en: Saudi Aramco World.

[14] STONE, Caroline (2014). Art. cit.

[15] Había motivos para mostrarse esquivo, entre otros, la creciente influencia comercial y política de holandeses e ingleses y la toma en 1615 de los enclaves portugueses de Bandar-i-Abbás y la isla de Qeshm, entonces bajo pabellón de la Corona de España.

[16] Para entonces, en España se creó en ese año de 1618 la Junta de Persia, un órgano consultivo destinado a coordinar su política diplomática hacia el Imperio Safaví. Su principal objetivo era explorar una posible alianza con Persia contra el Imperio Otomano. Don García de Silva y Figueroa, embajador ante el shah Abbas I, estuvo estrechamente vinculado a esta Junta, que impulsó y supervisó su misión. Sus informes fueron clave para definir la estrategia hispano-persa en el Golfo Pérsico. Además, la Junta actuó como mediadora entre los consejos de Castilla y Portugal, conciliando sus intereses estratégicos y comerciales en Asia, especialmente en lo relativo al control de rutas marítimas, enclaves como Ormuz y la representación conjunta ante potencias orientales.

[17] Conocemos los nombres de algunos como Dewal o Joseph Salvador, que fallecieron en Irán, gracias a la Relación de 1619 de Fray Melchor de los Ángeles, quien por cierto no habla demasiado bien del embajador español. DE CASTRO Y CASTRO, Manuel (1998). Art. cit. p. 554.

[18] Véase VILLAGRA, Mabel (2023). "Un castellano en la corte de Tamerlán: Ruy González de Clavijo". Blog de La Casa del Recreador.

[19] Cuando De Silva llega por vez primera a Isfahán se encontró nada menos que 10 ingleses entre los miembros de la colonia europea.

[20] Temores de García de Silva que luego se cumplieron. En 1622, una flota anglo-persa conquistó tras 10 semanas de asedio el enclave de Ormuz. Esta victoria permitió a Persia recuperar el control sobre el comercio en el Golfo Pérsico, mientras que Inglaterra obtuvo acceso privilegiado al comercio persa.

[21] MARÍAS, Fernando (2002). Art. cit. p. 139.

[22] Nota final del Ms 17629 de la Biblioteca Nacional.

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