La toga romana, símbolo distintivo de la ciudadanía y el estatus social en la república y el primer periodo del Imperio de la antigua Roma, experimentó una evolución aún significativa durante la época bajoimperial y tardoantigua que supondrá el tránsito a la moda altomedieval. Con esta tercera y última entrega, concluimos nuestro estudio de la historia de las togas romanas.
ENCUADRE HISTÓRICO: EL BAJO IMPERIO (284 - 476 D.C.)
El Bajo Imperio comienza con el reinado de Diocleciano y termina con la Caída de Roma en el 476 d.C.
Diocleciano intentó reformar la administración y la fiscalidad de su tiempo para lo cual organizó el gobierno del Imperio en forma de una tetrarquía.
En esta época, el cristianismo va alcanzando una mayor influencia y pasa de ser una religión perseguida a tener libertad de culto bajo Constantino el Grande, quien, además, unifica de nuevo el Imperio Romano.
A finales del siglo IV d.C., sin embargo, Teodosio vuelve a dividir el Imperio entre el de Occidente y el de Oriente.
Durante todo el Bajo Imperio tienen lugar en Occidente las invasiones bárbaras mientras que, en Oriente, se combate contra los partos y, sobre todo, contra los persas que van expandiéndose a costa del decadente Imperio Romano.
Finalmente, en el 476 d.C., se produce la Caída de Roma cuando el jefe germánico Odoacro depone al último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo.

Mapa del Imperio Romano en los siglos IV y V d.C, con la división entre Oriente y Occidente. Fuente; NTEF/ Ilustrador: José Alberto Bermúdez
LA TOGA EN ÉPOCA BAJOIMPERIAL: EL PRINCIPIO DEL DECLIVE
Como hemos visto en los anteriores capítulos, la toga se convirtió con el paso del tiempo en una prenda de uso exclusivo y restringido para los ceremoniales y eventos oficiales, y su uso continuado se asociaba cada vez más con el recuerdo y simbolismo de las viejas costumbres republicanas.
En esta época es muy probable que se usara en su mayor parte la toga contabulata que había surgido a finales del siglo II a.C. como evolución de la toga clásica, pero que era igualmente incómoda al caminar y de colocar como su predecesora. Esta incomodidad contribuyó a su declive y su sustitución por prendas más ligeras, prácticas y adaptadas a la vida cotidiana y al clima.
Además, la expansión del cristianismo y la incorporación de nuevos pueblos (orientales y occidentales) al Imperio Romano aportaron innovadoras influencias a la indumentaria romana de la alta sociedad apareciendo así prendas adaptadas a las circunstancias y vida cotidiana del momento, más ponibles y funcionales y de gustos orientalizantes.
Con la decadencia política del Imperio Romano y sus valores tradicionales, la toga tradicional fue perdiendo también su estatus como símbolo central de la identidad romana, y en el caso de autores como el cristiano Tertuliano, se la crítica como símbolo del exceso y la opulencia paganas.
Estas modas antiguas, y otras nuevas que fueron entrando, coexistieron un tiempo hasta que las primeras fueron desapareciendo por influencia de los nuevos valores religiosos y sociales, las sucesivas crisis económicas y políticas y la necesidad de simplificar los patrones de la vestimenta y el modo de ponérsela.
LUJO ORIENTAL VERSUS MODERACIÓN Y ‘VIRTUS’ EN EL VESTIR
La influencia de la estética oriental y del lujo en la indumentaria de las clases romanas aristocráticas y del entorno del emperador que se inició en época altoimperial se acrecentó aún más en el periodo bajoimperial gracias a varios factores:
-
El incremento del comercio con Asia y África a través de la Ruta de la Seda y de las Especias que continuó por mar y por tierra entre Oriente y Occidente: De China (el llamado “Reino de Seres” por los romanos) llegaba la seda y de la India, su afamado algodón de calidad. En cambio, disminuyó la producción del biso (byssus) debido a la gran oferta de sedas, más baratas y variadas, pero como veremos su producción y uso continuaron.
-
La fundación de Constantinopla y el establecimiento de la sede imperial allí por Constantino I en el año 330 d.C.
-
También, aumentó la producción masiva del polvo del molusco múrex brandaris para como base del teñido de la púrpura, habiendo talleres en todo el Mediterráneo e incluso en lugares tan distantes como Lixus en el actual Marruecos o la isla de Lobos, en las Islas Canarias, en pleno Atlántico.
El creciente influjo de Oriente transformó la indumentaria romana, impulsando tanto la adopción de vestimentas inéditas como la reconversión de aquellas ya existentes.
Estas prendas, más coloridas y ornamentadas, comenzaron a vestir a las clases altas e incluso a integrarse en el ámbito imperial. Además de la tradicional lana utilizada en la confección de la toga clásica y otras similares, se introdujeron una gran variedad de linos de lujo, sedas, algodón o biso combinados con hilos de oro o plata, en una fusión de estética orientalizante y helenística.
El aumento de la suntuosidad en el vestir fue objeto de críticas por parte de filósofos, los primeros Padres de la Iglesia e incluso algunos emperadores, como Diocleciano (284–305 d.C.).
EL SIGLO IV: LA TOGA ENTRE LA TRADICIÓN Y LA INNOVACIÓN
En respuesta a este desmesurado lujo, se promulgaron normativas que impulsaban el regreso a la austeridad; se fomentó la utilización de la toga de lana, la cual comenzó a coexistir con prendas de diseño más sencillo, como la paenula o el pallium (un tipo de manto). Ya en el siglo III d. C. Tertuliano llamaba este periodo transicional como “toga ad pallium” (“de la toga al manto”, en español) consciente ya de los cambios que se estaban haciendo.
En este periodo transicional el uso de la toga con sus variantes va alternando periodos de mayor y menor uso, pero sigue sobreviviendo relegada ya sólo a los entornos cortesanos y ceremoniales.
En la segunda mitad del siglo IV, la toga, aunque evolucionada, todavía seguía siendo el atuendo formal de la élite senatorial y de ciertos emperadores. Un ejemplo es el de Juliano el Apóstata (361–363 d.C.), a quien Amiano Marcelino atribuye su fidelidad a los valores tradicionales romanos, reflejada en el uso de la toga conforme a las antiguas leyes suntuarias de época republicana y altoimperial, que moderaban el lujo y promovían la austeridad como emblema de la virtus romana.
A finales del siglo IV se consolidó la importancia institucional de la toga en coexistencia con otras prendas: Una ley emitida en el año 382 d.C. por los coemperadores Teodosio I, Graciano y Valentiniano II (Codex Theodosianus 14.10.1) estipulaba que, aunque los senadores podían emplear la paenula en su vida diaria, debían presentarse con toga al cumplir sus funciones oficiales; de lo contrario, se les despojaría de su rango, autoridad y del derecho a ingresar a la Curia Julia. Además, se prohibía, bajo pena capital, el uso de ciertos tejidos—como la púrpura—destinados exclusivamente al emperador y su entorno. El hijo de Teodosio y emperador de Occidente, Honorio (m. en el 423) también intentó mantener la toga como ropaje institucional y de gala, pero con poca fortuna.
Por último, cabe resaltar la influencia de modas provenientes del norte de Europa. Los foederati de origen celta, galo, germano y sármata introdujeron gradualmente prendas autóctonas caracterizadas por su versatilidad, comodidad y practicidad, que fueron adoptadas por los romanos y añadieron nuevos matices a la evolución del vestir imperial.
TIPOS DE TOGAS EN EL BAJO IMPERIO
-
TOGA CONTABULATA
Evolución de modelos del siglo II d.C., su uso se populariza a partir del siglo III d.C. aproximadamente como alternativa a la pesada e incómoda toga tradicional romana y sigue hasta finales del siglo IV a.C.
Su nombre proviene de la faja de tela con forma de tabla (tabula lignea) que cruzaba en diagonal el torso formada con el sinus doblado varias veces.
Sin embargo, esta prenda también resultaba costosa de mantener ya que requería ser lavada, planchada y vestida por alguien especializado y ya puesta, dificultaba el caminar.
Según vemos por la estatuaria y la iconografía que nos ha llegado de este periodo, parece que su uso estuvo restringido al emperador, a la aristocracia y a los ciudadanos romanos ilustres.
Fue una prenda de uso también en la Hispania romana.


A izquierda, estela funeraria del duunviro hispano Antestio Pérsico, quien la lleva como vestimenta (Mediados del siglo III d.C.). Se encuentra en el Museo Nacional de Arte Romano. Enlace fuente.. A derecha, retratos funerarios de Adelfia y Valerio, personaje romano con túnica contabulata con la ‘tabla’ de tela más ancha (primera mitad del siglo IV d.C.). Museo de Siracusa (Sicilia). Enlace fuente.
-
TOGA AD PALLIUM
Aunque no es específicamente una toga, un manto comienza en esta época a tener un mayor protagonismo frente a la toga, el pallium, que se usa con función de toga.
Ya en el siglo III d.C., Tertuliano (160 – 240 d.C.), en su tratado De Pallio, nos comenta que vistió durante su juventud y madurez la toga romana tradicional de lana hasta que, al hacerse cristiano, decide comenzar a vestir el pallium.
Consciente de los cambios sociales y religiosos que sufre el Imperio Romano contrapone simbólicamente en su tratado el pallium, manto de filósofos y sabios a la toga tradicional, que considera una prenda de opulencia y del lujo derrochador y por ende de una Roma corrupta.
Su testimonio nos indica que ya en el siglo III d.C. existía una moda transicional que evolucionaba “de la toga al manto” de ahí la expresión toga ad pallium viene en su tratado.
Este manto adquirió una creciente popularidad, no solo impulsado por los filósofos, sino también, según Tertuliano, por los primeros cristianos, quienes ya en el siglo III parecen haberlo adoptado como una prenda con una función similar a la toga.
En origen, el pallium o palio era un manto de origen griego que se usaba como capa exterior de abrigo para protegerse del frío. El patrón de la tela constaba de una pieza cuadrada de lana o lino que se colocaba sobre ambos hombros, apretada alrededor del cuello por un broche, y cuyos bordes inferiores formaban puntos de longitud desigual. Era un manto ligero, cuya forma de drapeado se montaba ya gracias a un sistema de fábulas y broches que simplificaba el ponérselo.
En cuanto a los tejidos, el pallium se confeccionaba con diferentes materiales según la estación del año. Durante las épocas frías, se empleaba lana, mientras que en las estaciones cálidas se utilizaban el lino o el algodón. Por su parte, las clases pudientes y aristocráticas tenían acceso a versiones más lujosas, elaboradas en seda y decoradas con cenefas bordadas en hilos de oro.
En lo referente a los colores, el blanco era el más comúnmente utilizado. Sin embargo, también existían pallia en tonos amarillo, negro, azul y verde. Asimismo, las clases altas disponían de versiones exclusivas bordadas en hilo de oro y teñidas de púrpura, logradas a través del tinte extraído del múrex, o confeccionadas con tejidos como el biso, que, tras ser tratado, adquiría una hermosa tonalidad dorada.
EL SIGLO IV: EL DECLIVE DEFINITIVO DE LA TOGA Y SU SUSTITUCIÓN POR OTRAS PRENDAS
El siglo IV marca un periodo transicional que supone el fin de la toga como tal y la evolución hacia prendas mucho más prácticas de usar acordes con la nueva realidad social y de valores y que serán los antecedentes de las prendas de abrigo que veremos en época altomedieval.
LA TOGA TARDÍA DE LOS EMPERADORES Y ARISTÓCRATAS
Una variante de la toga de la toga contabulata que apareció alrededor del siglo IV d.C. fue la llamada 'toga oriental ancha', en la que el sinus de la toga clásica se drapeaba ahora sobre el brazo izquierdo del usuario en lugar del hombro, lo que restringía aún más el movimiento de su portador.
Por influencia de la estética oriental, también era una túnica más elaborada y lujosa que sus predecesoras.
Las que usaban los emperadores estaban eran las más decoradas, enjoyadas y bordadas, como se puede ver en estos dibujos de la época romana de Constancio II y Constancio Galo de la Cronografía del 354 d.C., un calendario ilustrado para ese año hecho por Furio Dionisio Filócalo para un rico aristócrata romano llamado Valentín.
En este momento, había tres capas de ropa: la túnica servía como prenda interior (alargada hasta los tobillos en este período), la dalmática se usaba sobre la túnica y era más corta (y fuertemente bordada y decorada), y finalmente la toga se usaba sobre todas estas prendas.

Constancio II, representado en la Cronografía del 354. Podemos ver la toga imperial derivada de la toga contabulata Fuente: Wikipedia
Esta prenda fue evolucionando y su uso perduró hasta el siglo VI, especialmente en el Imperio Romano de Oriente, futuro Imperio Bizantino.


A izquierda: Díptico consular de Constancio III con dos cortesanos hecho en marfil en el primer cuarto del siglo V d.C. Como podemos ver aún se usaba la toga en su variante de contabulata tardía para el Emperador y su séquito.
A derecha, díptico de marfil de Aerobindo, cónsul del Imperio romano de Oriente hacia 460 d.C. Como se ve, emperadores, cónsules y cortesanos la llevaron indistintamente durante todo el siglo V y parte del VI.
LA TOGA TARDÍA EN OCCIDENTE Y SU CAMBIO POR MANTOS Y CAPAS
La consolidación del cristianismo y la división del Imperio Romano en dos entidades, occidental y oriental, marcaron el progresivo abandono de esta prenda como símbolo de la élite romana. Aunque algunos emperadores de Occidente, como Honorio (m. en el 423), intentaron en vano mantener su uso en ceremonias oficiales y eventos protocolarios entre equites, magistrados y senadores, su desaparición definitiva reflejó el rechazo de los nuevos modelos políticos y religiosos hacia los símbolos del antiguo orden pagano.
Mientras que en el Imperio Romano de Oriente la toga tardía sobrevivió, aunque profundamente reelaborada a partir de la ya citada toga contabulata, hasta al menos el siglo VI d.C., en Occidente su declive fue mucho más acelerado, desapareciendo por completo en la segunda mitad del siglo V d.C.
Al igual que en Oriente, la aristocracia romana occidental adoptó, junto a la túnica manicata y la dalmática, un conjunto de prendas de abrigo, mantos y capas, mucho más ligeras, prácticas y funcionales fruto de la interacción de la población romana local con los pueblos germanos y célticos, reflejando la transformación cultural del periodo. El ya mencionado Codex Theodosianus del 382 promulgado por Teodosio, anticipaba estos profundos cambios al regular las tendencias emergentes en la indumentaria.
Aunque los mantos y capas adquirieron gran popularidad entre la aristocracia romana de Occidente en los siglos IV y V d.C., su uso no era novedoso. Desde el siglo II d.C., estas prendas eran comunes entre las clases populares y los militares, quienes las adoptaron por su comodidad al vestir y, sobre todo, su funcionalidad y protección ante las condiciones climáticas adversas.
En los siglos siguientes, su presencia se hizo aún más extendida, hasta que finalmente llegaron a la élite romana de Occidente.
A partir del siglo V, estos mantos y capas se consolidaron como los antecedentes directos de las prendas que definirían la moda en la Edad Media. Aunque ambos tipos de prendas coexistieron por un tiempo, las capas -muchas de ellas adaptaciones de modelos europeos norteños- acabaron en Occidente por desplazar a los mantos drapeados.
BIBLIOGRAFIA
ARROYO, A. (1999). Vida cotidiana en la Roma de los césares. Madrid: Alderrabán.
DEWAR, M. (2008). “Spinning the Trabea: Consular Robes and Propaganda in the Panegyrics of Claudian”. En Edmondson, J. C.; Keith, Alison, eds. Roman Dress and the Fabrics of Roman Culture (en inglés). University of Toronto Press. pp. 217-237.
MAIURI, Arduino, DE SANCTIS, Gianluca y SEGARRA CRESPO, Diana (2007). Roma Antica 2: Costumi tradizionali. Ed. Nuova Cultura; pp. 45-70
NOGATE BASARRATE, Trinidad (2017). “Moda romana: símbolo de estatus y actividad vital en una sociedad multicultural” en Vínculos de Historia, núm. 6 (2017) 40; pp. 40-70
ROTHE, Úrsula (2019). The Toga and the Roman identity. Londres y Nueva York: Bloomsbury Academic.
SEBESTA, J. L. (1994b). “Tunica Ralla, Tunica Sprissa: The Colors and Textiles of Roman Costume”. En SEBESTA, J. L.; BONFANTE, L., eds. The World of Roman Costume. Studies in Classics (en inglés). University of Wisconsin Press. pp. 65-76.
SMITH, William (1890). A Dictionary of Greek and Roman Antiquities. William Smith, LLD. William Wayte. G. E. Marindin. Albemarle Street, London. John Murray.
STEELE, P. (2000). Clothes and Crafts in Roman Times, Gareth Stevens Publishing.
STONE , S. (1994). “The Toga: From National to Ceremonial Costume”. En SEBESTA, J. L.; BONFANTE, L., eds. The World of Roman Costume. Studies in Classics (en inglés). University of Wisconsin Press. pp. 13-45
Iniciar sesión