Continuamos en esta segunda entrega, el especial monográfico dedicado a la historia de la toga romana.
En este caso nos vamos a la época altoimperial, donde entramos en un periodo donde la toga de época republicana coexiste con otros nuevos modelos de toga que se introducen a partir del siglo II a.C.
ENCUADRE HISTÓRICO: LA EPOCA ALTOIMPERIAL (27 A.C. - 284 D.C.)
La época altoimperial romana es un período marcado por la consolidación y expansióndel Imperio Romano bajo el reinado de emperadores como Augusto, Tiberio, Claudio y Trajano. Durante este tiempo, Roma alcanzó su máxima extensión territorial y se benefició de un período de paz y prosperidad conocido como la Pax Romana.
Desde época de Augusto, se produce un proceso de centralización del poder en la figura del emperador, aunque simbólicamente se conservan estructuras políticas de época republicana como el Senado.
Con las conquistas romanas se difunden también el arte, la cultura, la lengua y las costumbres romanas creándose nuevas ciudades lo que lleva también a una transformación social que se estratifica entre los ciudadanos romanos y los que gozan del ius latinum frente a los extranjeros, peregrinos y los esclavos.
En esta época tiene un lugar un hecho de marcado valor simbólico que supuso una ruptura con el esquema fiscal, social y jurídico que había imperado hasta entonces: la concesión, en el año 212 d.C. de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio Romano mediante la Constitutio Antoniana[1] promulgada por Caracalla.
El Imperio romano bajo los reinados de Adriano y Trajano en su máxima extensión hacia el 117 a.C...En rijo, las conquistas de Trajano. Fuente: Enlace[2]
LA TOGA Y SU PROMOCIÓN EN LA ESTATUARIA ROMANA COMO SÍMBOLO DE CIUDADANÍA Y ESTATUS
Hacia el siglo I a.C., durante el reinado de Augusto, asistimos a un mayor prestigio de la toga como prenda por excelencia del ciudadano romano, del estatus social y de los valores romanos que trae la Pax Romana y la llamada romanitas[3] (civilización romana)
Muestra de ello es la aparición de un tipo especial de esculturas llamadas “togadas”[4] que representan a ilustres ciudadanos romanos o al propio emperador en calidad de prínceps o primer ciudadano del Imperio.
La difusión de esta estatuaria en entornos urbanos (anfiteatros, foros, teatros, etc…) favorecerá también a nivel propagandístico, la difusión de la toga como prenda de alto estatus social pero también como emblema de la romanitas ante comunidades no romanizadas o extranjeras. Estas estatuas togadas además formarán parte de lo que la estudiosa Andrea López Azcona llama una “escenografía de poder”[5], con una gran carga ideológica, “(…) en la que los miembros de la familia imperial y los próceres locales se presentaban al orbe romanizado.”[6].
Según destaca López Azcona, el empleo de la escultura togada con propósitos propagandísticos alcanzó su apogeo durante el siglo I d.C., en el contexto del fortalecimiento del Imperio instaurado por Augusto. Este fenómeno refleja la importancia simbólica de la toga como elemento de identidad y poder en la cultura romana.
La romanización de las provincias permitió a numerosos nobles locales obtener el estatus de ciudadanos romanos, lo que les otorgó el privilegio de vestir la icónica toga, consolidándose así como símbolo distintivo de ciudadanía y prestigio.
Posteriormente, en el año 212 d.C., el edicto promulgado por Caracalla, que concedió la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio, impulsó aún más la popularización de esta prenda. Como consecuencia, la toga no solo reforzó su carácter de emblema de estatus, sino que también se convirtió en un poderoso símbolo del proceso de romanización en las provincias.
El llamado "Togado de Periate", hecho en bronce, y datado entre los siglos I y III d.C. Se halló en la provincia de Granada y se cree que podría representar al emperador Claudio. Como podemos observar, viste la clásica toga romana del periodo republicano.
LA TOGA EN LA VIDA COTIDIANA Y EN LAS CEREMONIAS Y ACTOS PÚBLICOS
El uso de la toga en todas sus variedades y colores que provenía desde época republicana persistió en época altoimperial.
La toga como se ha dicho queda fijada según nos cuenta Suetonio desde época de Augusto como prenda por excelencia del ciudadano romano y se prohíbe incluso su uso a los no ciudadanos[7].
La toga, especialmente en sus variantes praetexta y viril, tuvo un destacado protagonismo en el ámbito público durante el Alto Imperio. Se utilizaba en encuentros y actos políticos y sociales, como:
- Las reuniones del Senado.
- Las recepciones organizadas por los emperadores o altos cargos del gobierno imperial.
- Los eventos públicos celebrados en anfiteatros o circos.
Además, estas togas continuaron manteniendo su relevancia en ceremoniales religiosos, siendo usadas tanto por ciudadanos de clase media como por miembros de las élites. Las variantes tradicionales de época republicana (praetexta, viril, laena, entre otras) formaron parte del atuendo altoimperial en eventos de culto público, rituales y festividades, utilizadas por participantes y sacerdotes encargados de los rituales.
En el contexto de los funerales, las togas pullae, caracterizadas por su tono oscuro, continuaron siendo empleadas como símbolo de duelo.
Por último, cabe destacar que, en esta época, entre las clases patricias se perdió la tradición romana según la cual las matronas e hijas tejían la toga del marido o del pater familias. Esta función pasó cada vez más a ser desempeñada por fábricas de esclavos o talleres especializados en sastrería.
LUJO VERSUS MODERACIÓN: LAS LEYES SUNTUARIAS
Desde la época monárquica se habían ido estableciendo normativas que regulaban el lujo (luxuria, en latín) en la indumentaria y los materiales textiles, mediante leyes como las XII Tablas y la Lex Oppia. Además, existía la figura del censor, funcionario encargado, entre otras tareas, de velar por el mantenimiento del decoro y las buenas costumbres romanas (cura morum) tanto en el vestir como en la vida cotidiana.
A partir del siglo III a. C. con la conquista de los reinos helenísticos[8] y posteriormente, con las sucesivas campañas como la de Egipto (30 a. C.), Roma se acercó aún más a Oriente y se abrió a un comercio de ámbito intercontinental que enlaza Occidente con Asia Central a través de la Ruta de la Seda por tierra y por mar con la India o Egipto, desde donde se importaban biso[9], sedas y algodón de altísima calidad. Estos nuevos materiales textiles se consideraron contrarios a los valores virtuosos y moralmente superiores que Roma aspiraba a representar, ya que según algunos escritores e incluso senadores fomentaban actitudes como la molicie, la indisciplina y el afeminamiento.
A lo largo del periodo imperial se consolidó paulatinamente la presencia del lujo textil, extendiéndose de manera progresiva entre las clases más acomodadas de la sociedad romana, desde patricios hasta mercaderes y libertos. Esta tendencia contrastaba radicalmente con la tradicional austeridad en el vestir que había caracterizado a generaciones anteriores.
La creciente adopción de atuendos opulentos generó una acalorada controversia. Por ejemplo, el simple hecho de que los hombres usaran seda se consideraba indecoroso y contrario a la moral y a las virtudes romanas, constituyendo una afrenta a los valores fundamentales de la sociedad. Los infractores podían enfrentarse a sanciones legales o a la desaprobación social, evidenciando así el profundo impacto de esta transformación cultural en la identidad romana.[10].
Para contrarrestar la creciente influencia del lujo textil, gobernantes como Augusto y Tiberio determinaron que el emperador y su entorno —integrado por el Senado y la Corte— debían predicar con el ejemplo y erigirse en un auténtico exemplum principis de austeridad y frugalidad. Con ello, se buscaba inculcar en la sociedad romana la adopción de un estilo de vestir tradicional y sobrio.
Se publicaron además una serie de nuevas leyes suntuarias, como, por ejemplo, la de Tiberio del año 16 d.C. que vetaba a los nobles el vestir prendas de biso o seda. Sin embargo, la promulgación de estas leyes y otras no tuvieron el efecto deseado y contribuyeron más a la impopularidad de Tiberio como emperador en la sociedad romana[11].
Igualmente, otras leyes suntuarias[12] en esta época reglamentaron no sólo la seda sino todo tipo de atuendos o telas: Por ejemplo, las normativas romanas establecieron quiénes podían emplear determinados tipos de vestimenta, adornos y el uso exclusivo de ciertos colores y materiales.
Así, se restringió el acceso a tejidos que llevasen púrpura, biso, seda u oro, entre otros, reservándolos como símbolos de distinción para determinados estamentos aristocráticos y limitando su uso entre sectores no aristocráticos, incluso aquellos económicamente pudientes, como los libertos o los mercaderes.
Estas leyes reflejaban no sólo el deseo de mantener el orden distintivo entre clases sociales, sino que eran una reacción a la creciente influencia del lujo oriental y helenístico[13].
Por último, ya en plena época altoimperial, vemos cómo el lujo y las modas orientales se habían convertido en un gran problema social a causa de los altos gastos que generaba, por ejemplo, la compraventa de la seda. Así, en sus Sátiras, Juvenal (55-128 d.C.) aborda con aguda crítica la adopción de modas orientalizantes, denunciando el derroche y la excesiva ostentación de riqueza. El autor sostiene que esta tendencia provocó, incluso en su época, un debilitamiento de las costumbres tradicionales y un marcado incremento en la corrupción social.
En esta misma línea anti-lujo, también tememos emperadores del siglo II y III d.C. que quisieron ser ejemplo (exempla principis) ellos mismos de austeridad y valores virtuosos a la hora de vestir en la corte y presentarse ante sus súbditos. Estos fueron los casos de Marco Aurelio (121 – 180 d.C.), Alejandro Severo (222-235 d. C.) o Aureliano (271-275 d. C.).
Hubo leyes como la promulgada durante el brevísimo reinado del emperador Marco Claudio Tácito (diciembre del 275 d.C. - junio del 276 d.C), que prohibieron una vez más que los hombres vistiesen con ropajes de seda[14] o joyas de oro.
A pesar de la implementación de leyes suntuarias en materia de indumentaria, estas resultaron insuficientes para impedir que tanto aristócratas como sectores de alta alcurnia —incluidos mercaderes, libertos y banqueros— adoptaran gradualmente un estilo de vestir cada vez más elegante y lujoso.
Sin embargo, el uso exclusivo de ciertos colores y materiales permaneció reservado a los emperadores, siendo su utilización por parte de individuos ajenos a la familia imperial considerada un delito grave, tipificado como alta traición.[15].
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A izquierda: la conocida como ‘Estatua Togada del Segundo Jardín’, del siglo I d.C. (Epoca Julio-Claudia), procedente de Cástulo y actualmente en el Jardín del Museo Sorolla de Madrid (fuente enlace: Ministerio de Cultura)[16]. A derecha: Busto togado del siglo II d.C. posiblemente representando al dueño de una villa romana en Los Vilares, León. Durante siglos esta figura estuvo en la espadaña de la iglesia asimilado a San Pedro. Enlace fuente: MSN/Diario de León[17]
TIPOS DE TOGAS EN EL ALTO IMPERIO
Durante la época altoimperial continuaron los modelos de togas que provenían de la República. Estos fueron los siguientes:
- TOGA VIRILIS, de color blanco, sin adornos o tinturas, que era usada por todo ciudadano romano cuando llegaba a la mayoría de edad.
- TOGA PRAETEXTA (Bordeada, con cenefa purpura en el borde), usada por niños, magistrados y sacerdotes.
- TOGA PULLA, oscura y usada en contextos funerarios y de duelo privado. También la usaron algunos grupos sociales como los artesanos.
En esta época, las togas sobre todo en época Julio-Claudia, tal como vemos en las estatuas togadas de Cástulo (hoy en el museo de Sorolla de Madrid) o la de Baelo Claudia, destacan por ser unas vestimentas muy abultadas con un gran sinus en la parte central del atuendo.
Sin embargo, las togas eran prendas muy pesadas, difíciles de lavar y caras de mantener. Además, si no se llevaban correctamente eran muy incómodas ya que limitaban la forma de caminar y la movilidad.
Con el paso del tiempo, se fue imponiendo lo práctico, los ciudadanos romanos y de otras comunidades comienzan a llevar prendas parecidas a la toga, pero mucho más cómodas en su vida cotidiana (quedando la toga tradicional relegada para usos de gala, ceremoniales y palaciegos o entre personas de mayor edad más fieles a las tradiciones romanas).
Entre las nuevas prendas que se popularizan destacaron los siguientes tipos:
- TOGA TRABEA
Llamada así por sus trabes o tiras de púrpura que llevaba a modo de decoración en forma de franjas horizontales de color púrpura, la toga trábea fue una vestimenta de origen militar que se introdujo durante el Imperio Romano, encarnando la convergencia entre la disciplina del uniforme bélico y el prestigio cívico asociado a la toga tradicional. Con un diseño sobrio y funcional, esta prenda se utilizaba en contextos ceremoniales y oficiales, sirviendo como un emblema de la autoridad y el rigor institucional.
La adopción de la toga trábea marcó una transición simbólica de la Roma republicana a la Roma imperial, subrayando la estrecha relación entre el poder militar y la estructura civil del Estado.
Al combinar la austeridad propia del atuendo militar con los atributos de dignidad y ciudadanía representados por la toga, la toga trábea reflejaba la importancia fundamental de la disciplina en la modernidad romana y se convirtió en un distintivo de aquellos altos cargos que debían balancear el valor bélico con la solemnidad del poder civil.
Según Suetonio —basándose en el testimonio de Servio— existían diversas clases de trabeae en la Antigua Roma[18]:
- Trábea completamente púrpura: reservada a los dioses
- Trábea con un ribete horizontal púrpura y color azafrán: Utilizada por los augures, sacerdotes encargados de predecir el futuro.
- Trábea blanca y púrpura: De origen monárquico, posteriormente adoptada por los equites, fue usada durante el Imperio, por los cónsules en ceremonias públicas como la apertura del templo de Jano.

A izquierda podemos ver una figura con una posible toga trábea mucho más corta y cómoda de llevar que la tradicional toga romana. (Fuente: Pinterest). A derecha, vemos una estela funeraria hispánica, de mediados del siglo III, con una figura llevando la llamada toga contabulata con su característica doblez en el hombro izquierdo. Fuente: Museo arqueológico Nacional[19].
- TOGA CONTABULATA
Este modelo apareció a finales del siglo II d.C. tal como se ve por ejemplo en el mosaico de Virgilio y las Musas del Museo del Bardo (Túnez)[20].
Esta prenda se caracterizó por sus bandas lisas en forma de tabla (de ahí el nombre de contabulata). Era bastante parecida a la toga tradicional con un plisado con pliegues formando también formas similares al umbo, sinus y balneus de la toga clásica.
Se ponía sobre el hombro izquierdo con el sinus colgando del codo del brazo derecho. Parece ser que también era una prenda incómoda de mantener (que tal vez necesitó de una percha especial para colocarla cuando no se usaba), limpiar y doblar. Cuando se ponía parece que también restringía la movilidad.

Uno de los primeros testimonios iconográficos de toga contabulata, además, vestida de cuerpo entero. Mosaico de Virgilio rodeado las musas Clío y Melpómene. Finales del Siglo II d.C. Museo de El Bardo (Túnez). Fuente: Wikipedia /CC
- LAS TOGAS PURPUREA Y PALMATA
En el contexto ceremonial y político de la Antigua Roma, la toga palmata y la toga purpurea representaron dos expresiones fundamentales del poder y la autoridad, cada una imbuida de un profundo significado simbólico.
Ambas prendas se confeccionaban primordialmente a partir de lana de alta calidad, aprovechada por sus excelentes propiedades para el drapeado y la durabilidad. La toga palmata se caracterizaba por sus ornamentaciones, inspiradas en elementos de la victoria –como los motivos reminiscentes a hojas de palma– y se utilizaba en actos protocolares y militares para celebrar el triunfo y el honor. La suavidad y maleabilidad de la lana permitían incorporar en ella detalles decorativos que realzaban su carácter distintivo.
La toga purpurea, en cambio, destacaba por exhibir el exclusivo tinte púrpura extraído del molusco Múrex, cuyo valor y rareza la transformaban en el símbolo por excelencia del poder imperial. Este tono, reservado históricamente al emperador y, en ocasiones excepcionales, a altos dignatarios, funcionaba como un emblema inconfundible de la supremacía política y la autoridad estatal.
La lana se mantuvo como el material textil más usado en la confección de estas prendas en época imperial. Sin embargo, durante el Bajo Imperio se vislumbró una transformación en los hábitos vestimentarios de la élite que incorporó nuevos materiales textiles como la seda.
TRANSICIÓN A LA ÉPOCA BAJOIMPERIAL
Durante el siglo III d. C., la toga clásica, vestidura emblemática de la república y el Alto Imperio, coexistía aún con la contabulata, que fue ganando protagonismo hasta convertirse en la moda predominante del período bajoimperial.
Por su parte, prendas de diseños sencillos—tradicionalmente usadas por militares, clases populares y pueblos romanizados—se fueron incorporando, de forma adaptada, al atuendo cotidiano de la sociedad romana, incluso entre los estratos más acomodados. Este fue el caso del palio (pallium) que fue desplazando ya a finales del Alto Imperio (siglo III d.C.) a la toga tradicional.
En último lugar, la creciente e imparable influencia de costumbres orientales y la mayor disponibilidad de seda propiciaron la flexibilización de las estrictas normativas suntuarias, permitiendo la incorporación de nuevos materiales en vestimentas oficiales y marcando un proceso de decadencia y evolución de los símbolos clásicos de poder.
En la tercera y última entrega, exploraremos la evolución y el declive de la toga romana.
BIBLIOGRAFIA
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PEREZ DE LA VEGA, Daniel (2021). “Tiberus ad Tiberim: La política económica como caballo de batalla entre el emperador y la élite” en Antesteria. Nº9-10 (2020-2021)
ROTHE, Úrsula (2019). The Toga and the Roman identity. Londres y Nueva York: Bloomsbury Academic.
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STEELE, P. (2000). Clothes and Crafts in Roman Times, Gareth Stevens Publishing.
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[1] Mucho se ha discutido sobre este Edicto promulgado por Caracalla. Parece ser que influyó no tanto un tema de igualdad social, sino que, según autores romanos como Dión Casio, fue sobre todo la necesidad de recabar más impuestos en un momento, el siglo III, donde asistimos a una serie de crisis económicas y políticas y a la intensificación de las guerras contra los partos y los germanos. La ampliación de esta ciudadanía a todo el Imperio Romano, pues, tiene un valor más testimonial que de reconocimiento de unos derechos.
Esta visión de Dión Casio fue por ejemplo apoyada por Gibbon, sin embargo, modernamente, algunos autores como la romanista Mary Beard discuten esta visión de Dión Casio y si le dan una importancia mayor a este Edicto de Caracalla que fue la culminación de una concesión cada vez más amplia de la ciudadanía romana y el ius latinum a las comunidades locales cada vez más romanizadas e implicadas en la vida política y social del Imperio.
[3] Aunque es un concepto que no aparece hasta principios del siglo III, lo mencionamos dado que se enmarca esta época altoimperial.
[4] Tres son los modelos básicos de cuerpos masculinos que presenta la escultura retratística romana: la figura thoracata, la figura heroizada y la figura togada. La figura thoracata es donde vemos a la figura vestir la panoplia militar de alto rango. En cambio, la figura heroizada presenta el torso desnudo cubierto en todo o en parte por un manto que simboliza el estatus divinizado del personaje representado a modo de un héroe clásico.
En época imperial, ambas tipologías de figuras (thocarata y heroizada) se asimilan a la representación del emperador y sus familiares. Y excepcionalmente encontramos figuras heroizadas de particulares, especialmente en contextos funerarios.
Por último, la figura togada es la que viste la toga que va cambiando en diseño y manera de poner a lo largo de época imperial y donde podía estar representado el emperador o un ciudadano romano ilustre.
[5] LOPEZ AZCONA, Andrea (2011). “El togado romano del segundo jardín” en Pieza del Mes. Museo Sorolla de Madrid. Link: togado-romano.pdf [Consultado el 17/11/2024]
[6] LOPEZ AZCONA, Andrea (2011). “El togado romano del segundo jardín”. Art. Cit.
[7] NOGATE BASARRATE, Trinidad (2017). “Moda romana: símbolo de estatus y actividad vital en una sociedad multicultural” en Vínculos de Historia, núm. 6 (2017) 40; p.46
[8] Por ejemplo, como consecuencia de estas conquistas un caso donde se vio un aumento del lujo fue en el uso de tejidos teñidos con la tinta purpúrea extraída del molusco Múrex. Las conquistas trajeron como botín a Roma enormes cantidades de estos tejidos que comenzaron a ser usados masivamente fuera de los ámbitos puramente palaciegos o aristocráticos.
[9] El biso (en latín byssus), conocido también como seda marina, era un lujoso tejido obtenido de las secreciones de ciertos moluscos del Mediterráneo, como el mejillón. En Roma, este material, tratado con limón para lograr un apreciado tono dorado, recibía el nombre de lana pinna y se consideraba un artículo de lujo de altísimo valor. El término biso también se utilizaba para referirse a linos de gran calidad y exclusividad. Plinio el Viejo, en su obra Historia Natural, documenta el proceso de extracción y manufactura de este preciado tejido.
[10] Esto ocurrió con Octavio Augusto, por ejemplo, quien veía a estas personas que vestían seda o vivían una vida lujosa como enemigos de Roma y de la institución imperial e incluso se las señalaba socialmente en esas notas de los censores ya mencionados arriba.
[11]Se cuenta que cuando falleció, el pueblo romano gritaba que se tirase el cuerpo del emperador al Tíber al grito de ‘Tiberus ad Tiber’. Véase PEREZ DE LA VEGA, Daniel (2021). “Tiberus ad Tiberim: La política económica como caballo de batalla entre el emperador y la élite“ en Antesteria. Nº9-10 (2020-2021); p.121
[12] CRESPO PEREZ; Carlos (2016). “Las leyes suntuarias y la regulación del lujo en el Derecho romano” en Revista del Museo del Traje. Madrid. Enlace: (69) Las leyes suntuarias y la regulación del lujo en el Derecho romano (Remitido a Indumenta. Revista del Museo del Traje en Septiembre de 2016) | Carlos Crespo-Pérez - Academia.edu[Consultado el 17/11/2024]
[13] CRESPO PEREZ; Carlos (2016). “Las leyes suntuarias y la regulación del lujo en el Derecho romano”. Art. Cit.
[14] En época augusta y altoimperial, hubo también otros autores y filósofos que criticaron el uso de la seda: Séneca el Joven por ejemplo quien la criticaba por ser un tejido que transparentaba y fomentar el derroche o Plinio el Viejo, quien en su obra Historia Natural, criticó la adopción de la seda y de modas extranjeras como símbolos de la decadencia de los valores y la virtud romanas.
[15] Un caso ilustrativo fue el de Ptolomeo de Mauritania, un gobernante y aristócrata africano aliado de Roma, quien en el 40 d.C. fue condenado a la pena capital por Calígula tras presentarse en un anfiteatro vistiendo un manto de púrpura, prenda reservada exclusivamente para la autoridad imperial.
Ver también: CRESPO PEREZ; Carlos (2016). “Las leyes suntuarias y la regulación del lujo en el Derecho romano”. Art. Cit.
[16] Link:Togado romano - Museo Sorolla | Ministerio de Cultura
[17] Link:El ‘marco aurelio’ leonés ya no está descabezado
[18]Véase: DEWAR, Michael (2008) “Spinning the Trabea: Consular Robes and Propaganda in the Panegyrics of Claudian” en Roman Dress and the Fabrics of Roman Culture (editado por Jonathan Edmodson and Alison Keith). University of Toronto Press; pp. 217-237
[19] Enlace fuente: Museo Arqueológica Nacional. Enlace: Museo Arqueológico Nacional - Visor de Imágenes
[20] BARATTA, Ilaria (2019). “Breve excursus sobre la iconografía del poeta Virgilio en la historia de la pintura”. Web: Finestre sull’Arte. Enlace: Breve excursus sobre la iconografía del poeta Virgilio en la historia de la pintura [Consultado el 15/02/2025]
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