El Molino de la Aceña, en Alcolea del Río, es un magnífico ejemplo de arquitectura hidráulica medieval, con profundas raíces históricas y un valor patrimonial excepcional. Este complejo molinero es una obra maestra de ingeniería hidráulica y un legado histórico que conecta épocas, culturas y funciones económicas. Los molinos harineros, como el de Alcolea, desempeñaron un papel crucial en las economías rurales, especialmente en el valle del Guadalquivir, que era una de las zonas más fértiles y productivas de la Península.
El Molino de la Aceña ha sido un testigo activo de la evolución económica, tecnológica y cultural de Alcolea del Río, desde su origen andalusí hasta su reconversión en símbolo patrimonial.
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El Molino se construyó en uno de los vados que existían entre Córdoba y Sevilla para cruzar el río. Estos vados se concentraban en lugares estratégicos donde el cauce era menos profundo y más estable, por lo que era transitable durante la mayor parte del año, especialmente en épocas de estiaje. En ocasiones, se utilizaban estructuras temporales o semipermanentes, como tablas de madera, barcazas o estacas, para facilitar el cruce en temporadas de mayor caudal.
Eso hizo que los caminos, calzadas y carreteras se dirigiesen a los vados y junto a ellos se construyesen poblaciones como Lora, Alcolea o Alcalá.
Eso los convertía en puntos clave para el transporte, el comercio y la comunicación, por lo que tenía una gran relevancia tanto económica como militar. Era utilizado por comerciantes, pastores y viajeros, y también tuvo importancia durante movimientos bélicos por su posición estratégica en la comunicación y el comercio entre el norte y el sur de Andalucía, particularmente en la conexión entre Córdoba y Sevilla.
En épocas de dominación musulmana, la red de caminos que conectaba las principales ciudades del valle se estructuraba en torno a puntos de cruce como este. Por eso se fundó allí la ciudad.
El nombre Al-Qulaya (ٱلْقُلَيْعَة) es de origen árabe y significa literalmente "la pequeña fortaleza”, que seguramente era una defensa en el río.
El vado y el molino llegaron a formar parte de una misma infraestructura económica y social, aprovechando al máximo los recursos del río.
Su ubicación estratégica en el cauce del río Guadalquivir, entre Córdoba y Sevilla, lo convirtió en un enclave vital para la economía local, vinculado a la molienda de cereales y al comercio fluvial. Durante la dominación árabe, el asentamiento de Al-Qulaya se consolidó como punto defensivo y de paso, favoreciendo la construcción de infraestructuras, como este complejo molinero.
El molino se construyó en el siglo XI, en época islámica, aprovechando el cauce del Guadalquivir para la molienda de cereales. Posiblemente, ya en esta etapa se empleó como punto estratégico para el control del comercio fluvial entre Córdoba y Sevilla.
El molino se fue adaptando a novedades tecnológicas, pero también se tuvo que reconstruir muchas veces y hacerlo cada vez más fuerte y con un diseño mejorado para resistir las inundaciones, no solo del Guadalquivir, sino también del río Corbones, afluente que desemboca cerca de Alcolea, que era un foco de inundaciones repentinas.
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Tras la conquista cristiana en 1247, Fernando III donó la zona, que seguía en riesgo de ataques islámicos, a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, que potenció su uso y mantenimiento. Estas órdenes, incluidas la de Calatrava y Santiago, además de la de San Juan, tenían la misión de repoblar, administrar y defender los territorios frente a posibles ataques musulmanes desde el sur o rebeliones mudéjares.
La Orden Militar de San Juan de Jerusalén, también conocida como Orden de los Hospitalarios u Orden de Malta, es una institución medieval que surgió en Jerusalén hacia 1080, creada por mercaderes amalfitanos como un hospital monástico para peregrinos cristianos en Tierra Santa. En 1113, el papa Pascual II les otorgó autonomía y estableció su doble misión de asistencia médica, gestionando hospitales para enfermos y peregrinos, y de defensa militar protegiendo a los cristianos de ataques musulmanes.
El territorio sanjuanista en la zona abarcó un corredor estratégico a lo largo del Guadalquivir, integrando enclaves militares, económicos y religiosos que reflejaban su papel como potencia feudal y colonizadora en la Andalucía medieval y moderna.
En el caso de Alcolea del Río, su posición estratégica en el cauce del Guadalquivir y su proximidad a Sevilla lo convirtieron en un lugar ideal para el control de rutas comerciales, el cobro de tributos y la explotación agrícola.
La Orden de San Juan estableció en Alcolea del Río una encomienda, una estructura típica de su organización territorial. Estas encomiendas eran centros de poder local que combinaban funciones militares, religiosas y económicas.
La Orden recibió extensas propiedades en la comarca, que incluían tierras de cultivo, pastos y derechos sobre el agua del Guadalquivir. Estas tierras fueron trabajadas por campesinos y arrendatarios bajo su supervisión.
La encomienda actuaba como bastión para proteger la región frente a incursiones o revueltas. Aunque no se conservan restos evidentes de una fortificación propiamente dicha, los caballeros sanjuanistas en la zona ejercieron un papel de vigilancia en el entorno.
Los sanjuanistas se financiaban mediante impuestos locales y diezmos, que reforzaban su economía y contribuían a financiar sus actividades religiosas y militares.
La encomienda sanjuanista administraba tanto las poblaciones como las tierras intermedias entre ellas. Esto incluía, tierras de cultivo, como las fértiles vegas del Guadalquivir, donde se producían cereales, olivos y otros productos agrícolas, también pastos comunales utilizados para la ganadería, una actividad económica clave para la Orden. Así mismo gestionaban los recursos fluviales, como el uso del Guadalquivir para la pesca, el transporte y la molienda en molinos hidráulicos, como el de Alcolea.
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En el siglo XV, bajo el comendador frey Antón Farfán de los Godos, se reorganizó la encomienda de Alcolea, consolidando el molino como eje económico de la región.
Fray Antonio Farfán de los Godos fue un destacado comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XV, encarna el perfil renacentista de administrador pragmático, mecenas de obras públicas y estratega político. Su gestión marcó un hito en la historia de Alcolea del Río y del Molino de la Aceña. Colaboró con los Reyes Católicos en la pacificación de Andalucía tras la Guerra de Granada (1492), aportando recursos logísticos desde Alcolea y promovió la construcción de la iglesia de San Juan Bautista en Alcolea, símbolo del poder religioso sanjuanista, aunque su finalización se atribuye a sus sucesores.
Como comendador de la encomienda de Alcolea del Río, dependiente de la bailía de Lora del Río, y su cargo implicaba responsabilidades administrativas, militares y económicas. Impulsó la reconstrucción del Molino de la Aceña (1485-1499), durante el reinado de los Reyes Católicos, un periodo clave de transición entre la Baja Edad Media y el Renacimiento en España.
Con la pérdida de relevancia militar de las órdenes religiosas en la península ibérica tras la conquista de Granada, el papel de la Orden de San Juan se limitó progresivamente al ámbito religioso y administrativo.
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El comendador promovió la reforma integral del complejo hidráulico, sustituyendo estructuras islámicas previas por un diseño mudéjar adaptado a las necesidades del siglo XV. Introdujo innovaciones técnicas, como la ampliación a tres módulos independientes (molienda, batán y almacén) y la incorporación de bóvedas de crucería en el núcleo central. Durante su mandato, el molino sufrió daños por crecidas recurrentes, lo que obligó a rediseñar los sistemas de drenaje y elevación de estructuras.
Invirtió parte de las rentas de la encomienda en financiar estas obras, asegurando así la producción de harina y lana para la Orden.
También reforzó la economía local impulsando la explotación agropecuaria en las dehesas de Alcolea, ampliando cultivos de trigo y olivo. Consolidó el control sobre el comercio fluvial del Guadalquivir, estableciendo acuerdos con mercaderes de Sevilla y Córdoba.
En consecuencia, bajo su mandato se registró un aumento en la recaudación de tributos, según archivos de la Orden en Malta.
El Molino de la Aceña, tal como se conserva hoy, refleja su visión de infraestructura multifuncional: hidráulica, textil y defensiva.
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El conjunto molinero se compone de tres módulos diferenciados. El primer módulo está situado en el lecho del río, presenta grandes sillares de piedra y contrafuertes, con una estructura similar a una quilla de nave invertida para que las grandes inundaciones pasasen por encima con la menor resistencia posible. Actualmente es inaccesible, pero destaca por su solidez y adaptación al medio fluvial.
El núcleo central es de planta pentagonal, cubierto con bóveda de medio cañón dividida en tres tramos desiguales. En su interior se conservan piedras de molino y pilastras de cantería y ladrillo, evidenciando la técnica mudéjar.
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El tercer módulo también es pentagonal, con bóveda estrellada formada por cruces de vigas. Este espacio albergaba maquinaria hidráulica, como rodeznos, que son las ruedas horizontales para mover las muelas, y un batán para el tratamiento de tejidos.
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La construcción empleó materiales locales, como sillares de piedra y ladrillo, con técnicas que reflejan la influencia árabe y mudéjar, adaptadas a las necesidades funcionales del molino.
El molino fue un centro productivo clave durante siglos. En su apogeo contaba con seis piedras de molienda, lo que permitía una producción masiva de harina, sustentando la economía agrícola de la encomienda sanjuanista. Además, su batán procesaba lana, integrando actividades textiles en el mismo complejo.
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Este molino pertenece a la tipología de molinos harineros y aprovecha la fuerza del agua para mover sus mecanismos y moler cereales.
El molino presenta las características típicas de los molinos hidráulicos de rodezno horizontal, una tecnología que los árabes perfeccionaron en la península ibérica. Consiste en:
1. Un azud o presa: Esta estructura desviaba parte del caudal del río hacia un canal o caz.
2. Un canal de conducción (caz): Permitía llevar el agua hasta las cámaras de molienda.
3. Cámaras de molienda: Se encuentran en la base del molino. Allí se situaban los rodeznos, ruedas horizontales movidas por la presión del agua.
4. Edificación superior: Albergaba las muelas, donde se trituraba el grano, y los espacios de almacenamiento. Seis piedras de molienda operaban simultáneamente, sustentando la economía agrícola local.
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Uno de los tres edificios se destinó a batán hidráulico, procesando lana mediante mazos accionados por energía hidráulica, integrando la producción textil.
En el caso de Alcolea del Río, su importancia estratégica también disminuyó con el desarrollo de rutas comerciales alternativas y la modernización del control territorial en los siglos XVI y XVII.
Durante los siglos XVI-XIX se mantuvo su función como molino harinero y batán, aunque con interrupciones por inundaciones del Guadalquivir. Durante el siglo XVIII, se registraron reformas estructurales para resistir las crecidas del río, incluyendo refuerzos en sillares y contrafuertes.
Durante el proceso de desamortización del siglo XIX, muchas propiedades de la Orden, incluidas las de Alcolea, fueron confiscadas por el Estado, marcando el fin de su presencia activa en la localidad.
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En la década de 1920 se hicieron algunas modificaciones arquitectónicas con la adición de cuatro columnas de estilo clásico en uno de los módulos, alterando parcialmente su estructura original. A mediados del siglo XX se adaptaron parte de las instalaciones como central hidroeléctrica, aunque este uso fue abandonado posteriormente.
Con la llegada de la electricidad se redujo progresivamente la actividad molinera hasta su cese definitivo.
El Molino de la Aceña simboliza la convivencia de culturas (árabe, cristiana y mudéjar) y la adaptación humana al medio fluvial. Su persistencia a lo largo de siglos refleja la evolución tecnológica y económica de Andalucía, desde la Edad Media hasta la industrialización. Actualmente, es un testimonio material de la historia agraria y un recurso clave para el turismo cultural en la provincia de Sevilla.
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