El Sitio de Ostende (1601–1604) fue uno de los más sangrientos de la Guerra de los Ochenta Años. Los Tercios españoles resistieron durante tres años en condiciones extremas. Este artículo analiza su papel táctico, el coste humano y el legado histórico. Ostende se convirtió en tumba gloriosa y símbolo del sacrificio imperial.
ENCUADRE HISTÓRICO
En 1568 se inició la Guerra de los Ochenta Años como una revuelta de las Provincias Unidas, en lo que hoy son Holanda y Bélgica, contra la Monarquía Hispánica, entonces bajo el reinado de Felipe II. Lo que inicialmente fue una reacción contra la represión religiosa y fiscal impuesta por el Imperio Español, pronto se convirtió en una guerra prolongada por la independencia, la fe protestante y el control político del Norte de Europa.
Por entonces, otro problema apareció por aquellos lugares: los llamados Mendigos del Mar, corsarios protestantes que, desde bases costeras, hostigaban las rutas marítimas españolas y facilitaban el contrabando de armas y provisiones. Esta actividad benefició a Inglaterra, que vio una oportunidad para ganar influencia política en el Viejo Continente gracias a alianzas con los rebeldes, a los que apoyaba con tropas, dinero, barcos y suministros varios.
La situación se agravó tras la muerte de Felipe II en 1598. El monarca cedió los Países Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia y a su esposo, el archiduque Alberto de Austria, con la esperanza de que un gobierno más cercano y estable pudiera pacificar la región. Sin embargo, los nuevos soberanos se encontraron con un conflicto en plena escalada. Mauricio de Nassau, líder militar de las Provincias Unidas, había modernizado el ejército rebelde y comenzaba a recuperar plazas clave mediante tácticas de asedio y fortificación.
OSTENDE, UN PUERTO CLAVE EN ZONA DE DISPUTA
Una de esas plazas estratégicas era Ostende, que Alejandro Farnesio había intentado capturar sin éxito en el pasado. Ostende era una ciudad de apenas un kilómetro cuadrado que se dividía entre una parte vieja junto al puerto y una nueva más interior, separadas por un canal con puentes. Estaba completamente rodeada por murallas reforzadas y protegidas por terreno pantanoso que dificultaba el acceso. Contaba con ocho baluartes, un foso profundo y revellines estratégicos que permitían fuego cruzado defensivo. Su diseño la convertía en una fortaleza casi inexpugnable.

Planimetría de Ostende durante los cuatro años de asedio. Fuente: Wikipedia
Nominalmente, Ostende estaba situada en territorio español; sin embargo, con el tiempo, esta ciudad y sus alrededores se habían convertido en refugio de los ya citados Mendigos del Mar que actuaban contra intereses de los Habsburgos, convirtiéndose en un enclave fortificado rebelde defendido por tropas holandesas apoyadas por refuerzos ingleses. Su ideal situación geográfica permitía a los rebeldes neerlandeses recibir el abastecimiento directo desde Inglaterra.
Ante esta creciente amenaza, para los gobernantes españoles de los Países Bajos Ostende se convirtió en un objetivo prioritario. Tomar Ostende significaba cortar el flujo de ayuda inglesa, eliminar la amenaza corsaria y reafirmar el control hispánico sobre la costa flamenca frente a los rebeldes y sus aliados.
COMIENZA EL ASEDIO (1601)
El 5 de julio de 1601, en cumplimiento de las órdenes emitidas por los archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, se inició el sitio de Ostende. La operación fue dirigida por Juan de Rivas, quien comandaba una fuerza de entre 12.000 y 15.000 efectivos pertenecientes a los Tercios de Flandes. Posteriormente, en el mes de agosto, el propio Archiduque Alberto se incorporó a la campaña con nuevas tropas, elevando el contingente total a aproximadamente 20.000 hombres.
El ejército sitiador estaba compuesto por soldados agrupados por “naciones”: españoles, italianos, borgoñones, valones y alemanes. También hubo algunos portugueses como Simón Antúnez.
La defensa de Ostende estaba inicialmente a cargo de una guarnición de entre 2.000 y 3.000 soldados locales rebeldes. A esta fuerza se añadió un contingente de 4.000 soldados ingleses comandados por Francis Vere, quien arribó por vía marítima con el objetivo de reforzar la resistencia.
El desarrollo del asedio se vio condicionado por diversos factores adversos. El terreno pantanoso de la región dificultó las operaciones militares y ralentizó el avance de las tropas españolas. Además, el control de los suministros marítimos representó un desafío constante. En respuesta, los ingenieros militares hispánicos emprendieron la construcción de fortificaciones de campaña, incluyendo fortines de madera y baterías de artillería, con el propósito de hostigar el acceso de embarcaciones enemigas.
A pesar de los esfuerzos, las condiciones naturales demostraron ser impredecibles. El 25 de septiembre de 1601, una violenta tormenta acompañada de una marea viva provocó una inundación de gran magnitud que afectó gravemente al campamento español, causando la muerte de cientos de soldados por ahogamiento y destruyendo numerosas edificaciones.

Mauricio de Nassau, líder de las Provincias Unidas de Holanda y enemigo de España. Fuente: Wikipedia / CC
Mientras, los defensores reforzaron las ya poderosas fortificaciones de la ciudad y resistieron con éxito los primeros embates. Por su parte, el estatúder Mauricio de Nassau comenzó una serie de ataques a las líneas de suministros españolas.
ENTRE MOTINES Y GUERRAS DE DESGASTE (1602)
En enero de 1602, el asedio continuaba sin un claro vencedor y se convirtió en una guerra de trincheras, con altísima mortandad por combates, enfermedades y condiciones climáticas adversas. Un asalto fallido español que costó 800 vidas fue el detonante del primer conato de motín entre españoles e italianos. El motín se solucionó fusilando a sus cabecillas.
En marzo, el Archiduque emprendió una reforma de las ‘naciones’ y roles dentro de su ejército, dando el estatus de ‘tercios’ para valones y borgoñones. Esta reforma, lejos de apaciguar el antagonismo existente, no cumplió sus objetivos según comenta Thomas Werner. Con la llegada de la primavera, Mauricio de Nassau reinició sus ataques, obligando al Archiduque a abandonar Ostende e ir a Gante, dejando el mando a Juan de Rivas.

Magnífica vista del asedio de Ostende con la torre caballero ordenada por Rivas. Cuadro de Pieter Snayers (1650). Fuente: Wikipedia / CC
Rivas ordenó rodear la ciudad con nuevos sistemas de asedio, incluyendo la construcción de un ‘caballero’, una plataforma alta para colocar artillería. Sin embargo, las condiciones en el campamento eran insostenibles por la falta de víveres y pagas. El descontento se agravó cuando, en septiembre, un contingente de 3.000 españoles e italianos desertaron y se atrincheraron en el castillo de Hoogstraeten, formando una especie de estado autónomo.
Mientras tanto, dentro de Ostende, Francis Vere fue sustituido por Charles Fairfax, y posteriormente por Frederick van Dorp, manteniendo la moral de los defensores gracias a la ayuda inglesa.
LA PROVIDENCIAL LLEGADA DE LOS SPÍNOLA
Ante la prolongación del sitio, se hizo evidente la necesidad de un liderazgo más técnico. Emergen así las figuras de los nobles genoveses Francesco y Ambrosio Spínola. El primero arribó con una flotilla para controlar los accesos marítimos. El segundo, Ambrosio, llegó desde Milán con 8.000 soldados financiados de su propio patrimonio. Pese a carecer de experiencia militar, se forjaría en combate, ganándose el respeto de las tropas.
A finales de marzo de 1603 falleció Isabel I de Inglaterra, y su sucesor, Jacobo I, mostró escaso interés en continuar la implicación en Flandes. España intentó negociar la paz, pero las conversaciones no prosperaron inicialmente.

Moneda satírica de 1603: España representada como una zorra intentando capturar al gallo (Ostende). Al reverso, el mapa de la ciudad.
En la primavera de ese año, las fuerzas españolas lanzaron un asalto contra el bastión del Puercoespín, con un elevado coste en bajas. Mientras tanto, los amotinados de Hoogstraeten acabaron uniéndose al bando enemigo, lo que contribuyó a la caída de dicha plaza en manos protestantes el 10 de agosto de 1603.

Socorro de las tropas de Mauricio de Nassau a los amotinados del castillo de Hoogstraeten. Autor anónimo.
En octubre de 1603 falleció Juan de Rivas y el Archiduque otorgó el mando a Ambrosio Spínola. Su llegada supuso un giro, basando su estrategia en el desgaste sistemático y la construcción de un cinturón de hierro de trincheras y fortines. Spínola comprendió que la clave no estaba en tomar Ostende al asalto, sino en asfixiarla lentamente.
Bajo su dirección, los Tercios se adaptaron a una guerra de posiciones. A lo largo de 1603, los españoles consiguieron penetrar hasta las murallas interiores. En el bando defensor, Peter van Gieselles asumió el mando, coordinando nuevas defensas hasta su muerte en diciembre, siendo sustituido por Van Loon. Las condiciones para ambos bandos eran extremas: un infierno de barro, enfermedades y bombardeos.
NUEVAS INNOVACIONES EN INGENIERÍA MILITAR
El sitio destacó por la intervención de ingenieros militares. Federigo Giambelli, al servicio de los rebeldes, aplicó sus conocimientos en minas explosivas y contraminado. Por parte de los Habsburgos, también se recurrió a especialistas en trincheras y túneles. La guerra se convirtió en un duelo técnico donde cada metro costaba decenas de vidas.
LOS COMBATES DE LA ESCLUSA
A comienzos de 1604, las fuerzas españolas habían conquistado varios baluartes estratégicos. En marzo murió el comandante defensor Van Loon. Ante los avances de Spínola, Mauricio de Nassau organizó una ofensiva paralela para tomar La Esclusa (Sluis), defendida por Luis de Velasco. Esta maniobra amenazaba con interrumpir el asedio de Ostende.
No obstante, las tropas españolas mantuvieron su ofensiva. En mayo y junio tomaron el Bastión del Puercoespín. Mientras tanto, las fuerzas holandesas tomaron La Esclusa, perdiendo España un puerto estratégico, ya que los esfuerzos de socorro de Spínola resultaron infructuosos.
ASALTO FINAL Y RENDICIÓN
Ante los progresos en Ostende, Ambrosio Spínola decidió lanzar el asalto definitivo. En septiembre de 1604, los Tercios tomaron el bastión de la Colina de Arena, la última posición defensiva clave. El comandante Daniel d’Hertaing optó por negociar la rendición.


A la izquierda, Ambrosio Spínola hacia 1609. A la derecha, Daniel d’Hertaing, último defensor de Ostende. Fuente: Wikipedia / CC
El 20 de septiembre, tras cuatro años de asedio, Ostende capituló. La ciudad estaba arrasada. Se concedió paso franco a los defensores, que salieron con sus estandartes. La victoria fue más simbólica que operativa, con un coste humano extraordinario.
“Murieron de nuestra parte más de cuarenta mil soldados entre enfermos y heridos y de peste... de la parte del enemigo se tiene por relación suya que pasaron los muertos de más de 70.000 hombres...” (Modesto Lafuente, citando a Vivanco).
El sitio dejó a España agotada. Inglaterra firmó la paz con España, y en 1609 se firmó la Tregua de los Doce Años, consolidando la independencia de facto de las Provincias Unidas.
BIBLIOGRAFÍA
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