Ciro II el Grande (m. en el 530 a.C.) no solo fue el fundador de uno de los imperios más grandes de la Antigüedad, sino que su decreto conocido como Cilindro de Ciro está considerado una de las primeras legislaciones de carácter humanista de la Historia.
ORIGENES FAMILIARES, INFANCIA Y JUVENTUD
El nombre “Ciro” provendría de una forma latinizada del griego Κῦρος (Kúros), que a su vez deriva del persa antiguo Kūruš y vendría a significar ‘agua’ o bien, según una interpretación más moderna, ‘joven’ o ‘el que vence en una riña’.
Lo poco que se sabe de su infancia y juventud como príncipe es a través de fuentes romanas (Plutarco) así como griegas (Heródoto, Ctesias y Jenofonte), que nos cuentan historias de tradición oral y casi siempre contradictorias y envueltas en la leyenda.
Parece ser que los orígenes geográficos del linaje del que proviene Ciro hay que encontrarlos en los grupos persas que habitaban la zona de Elam (suroeste del actual Irán) y cuyo fundador legendario fue un tal Aquímenes en el siglo VIII a.C. Posteriormente esta zona de Elam en el siglo VI a.C. cayó bajo el dominio de los medos. Y algunos gobernantes como Cambises ostentaron el título de “reyes de Anshán”, la capital de estos territorios persas de Elam.
Según Heródoto, sus padres habrían sido el rey persa Cambises y la princesa Mandana, hija del rey medo Astiages de Anshán y de la princesa lidia Arienis. Sin embargo, Ctesias nos da otra versión radicalmente opuesta, asegurando que Ciro era hijo de una pastora de cabras llamada Argoste y un noble bandido llamado Artadate.
Según las fuentes griegas, habría estado sirviendo a Astiages en su corte como copero, quien pudo haber sometido al joven persa a una serie de agravios.
Por su parte, algunas fuentes más tardías como el Cilindro de Ciro o la Inscripción de Behistún nos permiten también obtener algunos datos que esclarecen este periodo. Estas inscripciones confirman la versión de Heródoto que Ciro era hijo de Cambises aunque no nos hablan de una filiación genética entre ambos no es de descartar que Ciro también afirmase, como recoge Heródoto, que fue nieto del medo Astiages buscando así legitimar su linaje y sus pretensiones a los tronos medo y lidio
CIRO, REY Y ESTRATEGA MILITAR
Hacia el 559 a. de C., Ciro fue nombrado ‘rey de Anshán.
Las primeras noticias que tenemos de esta nueva etapa como monarca es la conquista de Ecbatana, capital del reino medo gobernado por Astiages.
Según nos cuentan Heródoto y dos fuentes históricas mesopotámicas, el Cilindro de Sippar y la Crónica de Nabónido,[1] en el 553 a.C., el joven rey Ciro de Anshán se sublevó contra Astiages y lo derrotó con un pequeño ejército persa, capturándolo.
Sin embargo, la Crónica de Nabónido nos hablan de que fue Astiages quien atacó a Ciro. Entonces, el ejército medo se sublevó contra Astíages capturó a su señor y se lo entregaron prisionero a Ciro en una fecha posterior, el 550 a.C.
Heródoto, por su lado, nos comenta que Ciro se rebeló contra Astíages por los agravios sufridos en el pasado. Entonces, Hárpago, un noble medo descontento con su rey, fue enviado como general para sofocar la revuelta de Ciro. Sin embargo, nada más encontrarse con Ciro, Hárpago y sus hombres se pasaron al bando de Ciro.
Tras capturar a Astiages, tomó Ecbatana, capital de los medos, y la saqueó.
Según Ctesias, una de las fuentes griegas, Ciro perdonó la vida a Astiages y para, posteriormente, casarse con la hija del monarca medo derrocado, Amitis y así presentarse como el legítimo rey de los medos.
Heródoto, por su parte también nos confirma que Ciro también perdonó la vida a Astiages y se hizo con el dominio de todas las tierras conquistadas por los medos (que quizás coincidiría con la meseta central irania y Mesopotamia).
Gracias a este matrimonio y a esta campaña militar, Ciro amplió sus dominios a Media y Lidia y su poder y prestigio aumentaron de modo considerable.
CREANDO UNA NUEVA CAPITAL, PASARGADA
Los nuevos dominios de Ciro necesitaban de una capital. Así que decidió fundar Pasargada en una llanura llamada Murghrab en lo que hoy es la provincia iraní de Fars[2].
El topónimo "Pasargada" derivaría probablemente del persa antiguo "Pâthragâda", y se cree que significa "campamento de los persas" o "jardín de Persia"
La idea de Ciro era que Pasagarda fuese sólo la capital de verano[3] y la sede administrativa palaciega y ceremonial de su imperio, no una ciudad grande por lo que no tuvo demasiada población local a diferencia de otras ciudades de la Antigüedad que albergaron a miles o incluso cientos de miles de habitantes en su época. Aquí Ciro custodió también sus tesoros.
Así, a lo largo y ancho de la llanura del Murghrab se construyeron diversos edificios monumentales como el Tall-e Takht (una fortaleza de piedra en la cima de una meseta), el llamado Palacio P (un edificio residencial), el palacio S (una sala de audiencia de columnas).
Un rasgo interesante de los edificios monumentales de Pasargada es su multiculturalismo con influencias estéticas y arquitectónicas de todo el mundo antiguo conocido tales como sillerías y columnas de estilo jónico griego o esculturas de estilo asirio.
Sin embargo, Pasargada tan solo perduró por poco tiempo, ya que el cargo de capital ceremonial pasó a Persépolis en 515 a.C.
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Tras la caída de Media en el 550 a.C., Ciro continuó su política expansionista conquistando la zona del oeste del Tigris en el 547 a.C., tal como afirman la Crónica de Nabonido y Heródoto.
Creso, rey de Lidia, parece ser que era pariente de Astiages y ese año del 547 a.C., cruzó el río Halis y saqueó Pteria una ciudad de Capadocia de influencia meda.
Al enterarse que Ciro había depuesto a su pariente, el rey lidio juró vengarse y le presentó batalla al persa cerca de Pteria, pero acabo en una victoria pírrica para ambos contendientes.
Creso se retiró entonces con el resto de sus tropas a Lidia para pasar el invierno en sus cuarteles y esperar refuerzos desde Egipto y Esparta.
Entonces, Ciro lo siguió hasta Lidia y le plantó batalla en Timbrea. En esta batalla, Ciro usó dromedarios para espantar a la caballería lidia poniendo en retirada a Creso quien se refugió en Sardes, la capital de Media. Persiguiendo al rey lidio, Ciro llegó a las puertas de Sardes, a la que puso sitio. La ciudad acabó cayendo tras 14 días de asedio.
No se sabe qué pasó con Creso tras la caída de su ciudad. Heródoto, Ctesias y Jenofonte coinciden en que el rey lidio fue condenado a morir en una pira, pero después Ciro se apiadó de él tras citarle Creso una frase de Solón sobre los cambios caprichosos de la fortuna[4]. Las fuentes griegas dicen que Creso sirvió fielmente a Ciro y su hijo Cambises como consejero personal.
Sin embargo, autores modernos siguiendo otras fuentes como la Crónica de Nabónido o el historiador Baquílides, creen que, tras la caída de Sardes, Creso fue ejecutado.
Con Sardes bajo control persa, Ciro puso a su frente a un lidio llamado Pacties para que gestionara el tesoro del despuesto Creso. Su trabajo era censar este botín y enviarlo a Ecbatana. Sin embargo, Picties organizó en secreto una rebelión y reclutó con estos fondos a soldados mercenarios.
Sabedor de esta rebelión, Ciro mandó reprimirla enviando a su general Mazares quien murió durante la campaña. La campaña militar fue rematada por el fiel Harpago quien además conquistó varias ciudades de Asia Menor y de la zona de Fenicia.
LA CAMPAÑA DE BABILONIA
Hacia el 540 a.C., Ciro fija su vista en Babilonia que en aquel tiempo estaba gobernada por Nabónido, un rey de avanzada edad que residía en el oasis de Teima y había nombrado como su regente en Babilonia a su hijo Baltasar.
Nabónido por entonces se enemistó con la clase sacerdotal y parte de su pueblo ya que se había llevado a Teima parte de las estatuas de Babilonia, dejando a la ciudad sin la protección de los dioses.
Estela del rey Nabonido de Babilonia presente hoy en el Museo Británico de Londres. Aquí lleva el traje real babilónico y el cetro real. La estela representa la adoración pública del rey babilonio a los dioses y sus símbolos: los astros Venus (Ishtar), el sol (Shamsh) y el creciente lunar (Sin). Fuente foto: Wikipedia /CC
En otoño del 539 a.C. el rey persa logró cruzar el río Deyala camino de Babilonia, haciendo una gran obra de ingeniería en la que desvió el caudal del río. En las confluencias del Deyala con el Tigris, en un lugar llamado Opis, las tropas de Ciro se enfrentaron y vencieron a las fuerzas babilonias.
Esta victoria le permitió ocupar sin resistencia algunas ciudades babilonias como Sippar.
Después, el monarca persa envió a Ugbaru, un lugarteniente, a conquistar Babilonia, logrando capturar algunos barrios del extrarradio.
Tras casi dos semanas de campaña, Babilonia se rindió y Ciro II pudo entrar en la ciudad siendo recibido con honores y coronado como "rey de Babilonia, rey de Sumer y Akkad y rey de las cuatro partes del mundo.", añadiendo así nuevos títulos más a sus insignias de realeza.
Con la toma de Babilonia, Ciro II también se apoderó de los extensos territorios de Nabónido en Mesopotamia y la zona de Judea.
Esta conquista de Babilonia permitió mediante un decreto además a los judíos que habían sido cautivados y deportados por los babilonios que regresasen a Jerusalén. También, algunos grupos de arameos deportados pudieron regresar a Siria. Esta historia está recogida en los capítulos Crónicas II, Esdras, Daniel e Isaías del Antiguo Testamento.
LA CONQUISTA DE BACTRIA, INDIA Y ARMENIA
Quizás hacia el año 535 a. C., Ciro decidió expandir su reino hacia el Este, hacia los reinos de Bactria y los sakas (escitas orientales).
Según los escritos de Ctesias, los pueblos de Bactria y Sogdiana (sogdianos, arios y bactrianos[5]) enterados de la benevolencia con la que Ciro trato a Astiages se sometieron pacíficamente al monarca persa. Sin embargo, de nuevo la leyenda se superpone a la realidad pues parece ser que estos pueblos eran ya aliados o súbditos de Astiages y esto era una ventaja para los persas.
Tiempo después, Ciro combatió a los escitas sakas capturando a su rey, Amorges, pero acabó liberándolo y convirtiéndolo en su aliado. Según una fuente, ambos reyes se juntaron para atacar Lidia conjuntamente, aunque no se sabe si fue en relación a la campaña de Mazares y Harpago contra la sublevada Sardes.
Desgraciadamente, no conocemos la fecha exacta de estas conquistas en Oriente ya que estas zonas no aparecen mencionadas como satrapías hasta el año 521 a. C. en la Inscripción de Beshitún
Por esta época, también debió conquistarse la región de Armenia en donde puso por rey a su aliado Tigranes.
EL CILINDRO DE CIRO: TOLERANCIA Y RESPETO RELIGIOSO
Al poco de conquistar Babilonia, Ciro encargó un cilindro con una inscripción[6] en acadio donde explicaba al pueblo babilonio los motivos de su conquista apareciendo el monarca persa como un rey salvador, elegido y agraciado por los dioses, frente al incompetente, anciano y herético Nabónido, quien había descuidado el culto al dios Marduk en Babilonia y había sometido al pueblo a trabajos forzados y duras penalidades[7].
El cilindro además resalta además cómo Ciro, elegido por Marduk, conquistó la ciudad sin saqueos, muertes o guerras y que trajo de vuelta a Babilonia los ídolos que Nabónido había sacado de la ciudad, convirtiéndose el mismo rey persa en un devoto de Marduk. Este dato nos lleva a pensar sobre cuál fue la religión de Ciro, porque, aunque tradicionalmente se le ha creído seguidor de Zoroastro, no hay nada demostrado, y sólo es una hipótesis.
Quizás, como creen algunos investigadores, Ciro pudo ser adorador de los dioses tradicionales iranios prezoroástricos ya que como asegura Jenofonte en un momento dado hace un juramento a Mitra, dios de los pactos y contratos.
Por otro lado, también, algunos autores creen que llevó a cabo una política de tolerancia y respeto a otros cultos tales como ya citado Marduk, Sin, Nabu o incluso Yaveh[8], como parte de una política oficialista de integración de todas las culturas y credos en el incipiente Imperio Aqueménida. En todos estos casos, no solo se ve un respeto y la concesión de una cierta libertad religiosa, sino que se pide a los súbditos devotos de estos credos, tal como se ve en el decreto de los judíos o en el Cilindro de Ciro, que recen por él, su familia y por la continuidad de Persia como estado.
Por último, algunos autores afirman que el Cilindro de Ciro fue un documento innovador a nivel legislativo ya que trató temas nunca vistos antes como la tolerancia y el respeto a todos otros pueblos y regiones del Imperio Persa en su cultura y religión sin distinción de razas, así como la mejora del estatus de los esclavos en la sociedad aqueménida.
LA ADMINISTRACIÓN DE UN FUTURO IMPERIO
A lo largo de los años de su reinado, Ciro ostentó varios títulos reales tomados de los lugares de sus conquistas, lo que confirió un carácter universalista a su reinado. Así, asumió además de los ya citados “rey de Anshán” y “rey de Babilonia”, el de “rey de Persia”, “rey de los cuatro lados del mundo” y el antiguo de origen sumerio de “rey de Sumer y Akkad”.
Ciro II basó su prestigio en una potente campaña de propaganda institucional que fomentó la multiculturalidad dentro de la unidad política de sus dominios y que podemos ver reflejada en sus inscripciones, en las distintas estéticas artísticas griega, elamita o babilonia usadas en la decoración de sus monumentos o en el papel de rey salvador con el que se presenta ante los súbditos de las nuevas regiones conquistadas como un rey justo y piadoso frente a la tiranía o la falta de religiosidad de sus antiguos monarcas y gobernantes.
A la hora de gobernar sus nuevos dominios, se crearon una especie de protectorados en zonas urbanas y rurales donde se instalaban guarniciones, se hacía la recogida de impuestos y se reclutaban soldados.
A cambio de permitir esta presencia persa, los gobernadores reales (sátrapas) garantizaron una gran libertad de movimiento y, sobre todo, de culto para la población local. Aunque las crónicas no nos lo mencionen, a nivel regional, se cree que Ciro II organizó su reino en una especie de satrapías décadas antes que Darío I, constituyendo así las bases administrativas y fiscales del Imperio Aqueménida.
Según los historiadores griegos, Ciro fue clemente con sus antiguos enemigos como Creso y Nabónido, a los que nombró como consejeros y cortesanos[9]. También, hizo volver a sus hogares a las comunidades deportadas por los babilonios como el ya citado caso de los judíos que volvieron a Jerusalén.
AÑOS FINALES Y MUERTE
Pocos son los datos que conocemos de sus años finales y fallecimiento y casi todos con versiones diferentes y contradictorias de las que ya era consciente Heródoto en el momento de redactar su obra Historias.
De estas variadas fuentes, Heródoto afirma que la versión más rigurosa sería la de que Ciro murió luchando contra los masagetas (pueblo de Asia Central que vivía en las márgenes del río Sir Daria) y que estaban gobernados por una reina llamada Tomiris.
Según cuentan Heródoto y otros autores griegos, todo comenzó con una campaña contra los nómadas escitas (sakas) que incursionaban en las provincias orientales del Imperio. Antes de partir, Ciro proclamó a su hijo Cambises como “rey de Babilonia”.
Llegado a las márgenes del río Sir Daria, Ciro fundó una ciudad con su nombre, Cirópolis. Allí habría conocido (o habría capturado en una de sus campañas) al hijo y al esposo de la reina Tomiris, llevándolos después como invitados de honor a Babilonia.
Sospechando de Ciro, la reina Tomiris mantuvo contactos y rogó varias veces al monarca persa que liberase a su esposo e hijo. Sin embargo, el rey persa ordenó matar a los dos rehenes masagetas.
Tras jurar venganza, Tomiris se levantó en armas y derrotó en una batalla a Ciro, a quien capturó y mandó decapitar. Las distintas fuentes griegas nos cuentan que Tomiris ordenó meter la cabeza del decapitado Ciro en un odre lleno de sangre humana recordando su ‘sed de sangre’ y en venganza por la muerte de sus parientes.
Otras fuentes coinciden en la muerte en combate del rey persa, aunque difieren en dónde ocurrió: Para Ctesias, Ciro murió en una campaña contra los derbicios mientras que el historiador babilonio Beroso menciona que en un combate contra los dahas.
Sólo alguna fuente posterior afirma sin argumentos que Ciro murió por enfermedad en Pasagarda.
Tras su muerte, sus restos fueron posiblemente recuperados, pues se nos dice que fueron enterrados junto con sus armas, vestimenta y joyas en un túmulo que aún hoy puede verse en Pasagarda y que es una mezcla de estilos babilonios (zigurat) y persas.
Dejó numerosa descendencia. Según Heródoto, se casó con Casandana quien le dio cuatro hijos: Dos varones (Cambises y Esmerdis) y una fémina (Atosa).
Le sucedió su hijo Cambises.
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BIBLIOGRAFÍA
CAMPOS MÉNDEZ, Israel (2006). “Los inicios de la dinastía aqueménida y la formación del imperio persa” en Revista Iberoamericana de Historia 1(2006), pp. 21-30
DANDO-COLLINS, Stephen (2023). Ciro el Grande: Conquistador, Liberador, Ungido. Ediciones Almuzara.
LLEWELLYN-JONES,Lloyd (2024). Los persas: La era de los grandes reyes. Editorial Ático de los Libros. Madrid.
MILLET ALBÁ, Adelina (2023) “Nabonido, el último rey de Babilonia” en Website Historia National Geographic. Enlace: Nabónido, el último rey de Babilonia
SCHMITT, R. (1993): “Cyrus, the name”, en E. Yarshater (ed.): Encyclopædia Iranica.
VELAZQUEZ MUÑOZ, Joaquín (2016). Los caminos reales del Imperio Persa Aqueménida. Editorial Dilema (Colección Historia Mayor). Madrid
VELAZQUEZ MUÑOZ, Joaquín (2021). Ciro, rey de Ansán: Origen y formación del imperio persa. Mandala ediciones. Madrid
WEILLMAN, Billy (2023). Ciro el Grande: La apasionante vida del padre del Imperio Persa. Enthralling History.
[1] Llamada también “Crónica de Babilonia nº7”. Se conoce como de ‘Nabónido’ por el nombre babilonio de Nabucodonosor II.
[2] La llanura de Murghrab habría sido el lugar donde según Heródoto tuvo lugar la batalla donde Ciro derrotó a Astiages y fue hecho prisionero. Esta ciudad de nueva planta está distante 80 km de Persépolis.
[3] Posiblemente, Susa ejerciera de capital alternativa a Pasagarda.
[4] Sin embargo, otros autores, basándose en fuentes no griegas, creen que Creso si fue ejecutado al poco de caer Sardes
[5] Pueblos de origen indoeuropeo emparentados con los persas y medos étnica y lingüísticamente.
[6] Se trata de una inscripción en forma de cilindro de barro descubierta en los cimientos de las murallas de Babilonia en 1879 por el arqueólogo Hormuzd Rassam.
[7] Según creen algunos investigadores, estos duros trabajos eran posiblemente los de los preparativos de las defensas de Babilonia y otras ciudades del reino frente a Ciro II.
[8] En los capítulos de Esdras e Isaías de la Biblia, Ciro viene definido como “amado” y “ungido por Dios”.
[9] Aunque como se ha dicho hay historiadores, especialmente los actuales, que creen que ambos reyes fueron ejecutados por las tropas de Ciro II tras su derrocamiento.
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