Santa Lucía del Trampal emerge de las brumas de la Historia muy cerca de la vía romana de la Plata, cerca del collado, a unos 300 metros, en el que se encuentra una fuente que manaba demorándose en fértiles bancales hasta llegar a un pequeño embalse de la época. En la parte superior del cerro existía un yacimiento de mineral de hierro.

En pleno agosto y tras muchos meses de sequía, la fuente sigue regando el entorno.

En el mismo lugar había una construcción anterior, probablemente romana, cuyos restos sirvieron para construir la iglesia. Se reutilizaron sillares y tejas romanas, y en las paredes del templo cristiano se han hallado unos cincuenta epígrafes romanos. Se hallaron varias inscripciones romanas de carácter funerario, lo que indica que habría una necrópolis y, por tanto, una población romana. Una de esas inscripciones se refiere a la longeva Norbana Bouia, fallecida a los 98 años de edad.

Hay casi una veintena de aras romanas de carácter votivo, catorce de ellas dedicadas a la divinidad prerromana Ataecina, que probablemente tenía allí mismo su santuario.

La Diosa Madre neolítica se identificó con la diosa fenicia Astarté y luego con la diosa Ataecina de los vetones del Suroeste y con Proserpina en época romana, hasta cristianizarse.

La diosa Ataecina era una deidad ancestral protectora de las aguas mineromedicinales[1], dispensadora de la salud, la fecundidad humana y los campos. Su culto tenía lugar en espacios abiertos, en altares ubicados cerca de las fuentes.

Aunque muchos creen que su santuario principal se situaba en Turóbriga, en Huelva[2], el mayor número de las dedicatorias a esta diosa céltica, unas cincuenta, se halla en Santa Lucía del Trampal, palabra que significa «zona encharcada», por lo que podría haber una población cercana denominada Turibriga, pero la única población romana que sitúan en la zona el Itinerario Antonino y el Anónimo de Rávena es la mansio Ad Sorores.

Las divinidades hispánicas que tenían nombres toponímicos se relacionaban con un solo lugar, que era el sitio donde estaba la población de ese epíteto, salvo Ataecina, cuyo culto se extiende por una gran área del suroeste de la Península Ibérica, entre el Tajo y Guadiana, lo que indica que se habrían producido migraciones.

El territorio era tan interesante que se construyó muy cerca la iglesia de San Vicente, probablemente más antigua y que tiene a su alrededor gran cantidad de escoria de hierro, por lo que pudo haber sido el centro religioso de una zona metalúrgica.

Los tres ábsides fueron construidos por separado, de forma independiente, lo cual es una rareza.

La unidad de medida de la construcción era el pie romano de 33 cm, aunque podría ser un edificio de la última mitad del s. VIII o de la primera mitad del s. IX, por el análisis de dos inscripciones en los muros. Las cerámicas halladas son tanto de época visigoda como emiral, pero como es normal que la cerámica perdure mucho tiempo, lo más probable es que se trate de una comunidad cristiana aislada en pleno dominio musulmán. Por tanto, se trataría de una iglesia mozárabe aunque carezca de algunas de sus características, como modillones, bóvedas de galón o almenas.

Se han encontrado diecisiete tumbas con restos humanos, con ajuar visigodo en las tumbas más antiguas y de época emiral en algunas de las más modernas.

Aunque es una especulación, podría ser que con la conquista musulmana en 712 de Mérida, una de las ciudades más importantes del reino visigodo, los monjes huyeran a un lugar discreto que ya tenía importancia religiosa por la iglesia de San Vicente y donde podían vivir de la autosubsistencia y había una comunidad de fieles que se dedicaba a la metalurgia.

Es un edificio orientado hacia el este con volúmenes complejos generando juegos de luces y sombras por sus entrantes y salientes. El suelo se construyó con opus signinum.

Se trata de una iglesia de tres cuerpos: cabecera, coro que sirve de enlace y tres estrechas naves con tres ábsides rectangulares independientes que han conservado sus arcos de herradura y sus bóvedas de cañón. Es sorprendente que existan tres ábsides independientes casi iguales. En el ábside central había un altar de cuatro patas y un loculus central para guardar reliquias, mientras que los ábsides laterales pudieron ser sacristías. Sobre cada ábside hay cimborrios con estrechas ventanas que dan al este y al oeste.

El transepto podría ser un coro desde el que los monjes asistirían a la celebración eucarística en el altar principal. Su bóveda de piedra es una continuación de la del ábside central.

El edificio tenía columnas de granito y de mármol y estaba decorado con mármoles romanos reutilizados y luego expoliados.

Había una torre exenta en el extremo noroeste de la iglesia y varias pequeñas dependencias que podrían ser habitaciones de los monjes, de servicio o almacenes.

Se hizo una reforma gótica que desvirtuó la concepción original del espacio arquitectónico, como se puede ver en algunos arcos. 

El complejo se abandonó durante la conquista cristiana de Mérida, entre 1228 y 1230, cuando todo el territorio se convirtió en zona de guerra. Siglos más tarde, durante la Guerra de Independencia, las tropas napoleónicas ocuparon la iglesia.

[1] Miguel Méndez-Cabeza, El agua en las Tierras de Talavera: deidades, ritos y utilidades terapéuticas, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, 2023

[2] Mencionado por Plinio, Historia Natural,3.14.

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