Durante la Edad Media los continuos conflictos bélicos provocaron que tanto las tácticas militares como, por ende, los equipos de los distintos ejércitos evolucionasen para adaptarse mejor a las nuevas realidades. Esta evolución es visible en prácticamente todos los elementos de la panoplia del guerrero medieval, pero hoy nos basaremos en un elemento concreto, los cascos o yelmos. Sin embargo, antes de comenzar con el tema, conviene detenerse un momento a aclarar una cuestión importante. Cuando hablamos de evolución, sea en los cascos medievales, sea en cualquier elemento de la Historia, debemos tener claro que no es una línea continua y que, en muchos casos, varias evoluciones podían convivir mucho tiempo con sus formas predecesoras. De este modo, muchos tipos de yelmos medievales convivirán en los campos de batalla sin problemas pese a existir tipos más avanzados o mejor adaptados.

Dicho esto, podemos comenzar este breve viaje por los principales tipos de cascos medievales que podemos encontrar en la península ibérica. Los primeros serán evoluciones de los cascos del tipo Spangenhelm que ya estaban presentes en el Imperio Romano y que se caracterizan por estar fabricados por partes, abaratando su coste sin restar calidad. Serán estos cascos los que precedan a la primera tipología de yelmo medieval que aparecerá en torno al siglo IX, los llamados yelmos nasales. Estos cascos se caracterizan por una forma cónica, fabricados bien por piezas unidas (siguiendo la fórmula de los Spangenhelm) bien en una sola pieza y tienen una protección nasal integrada plenamente en el casco (en los modelos predecesores, la protección nasal es una pieza que se añade al resto del casco). Los yelmos nasales tenían el inconveniente de dejar sin protección la mayor parte de la cabeza así como buena parte de la cara, en contrapartida era un casco liviano que permitía una buena visión. Para contrarrestar los inconvenientes del yelmo nasal era común utilizar un almófar realizado en cota de malla que protegería los espacios expuestos.

En el siglo XI aparece un casco que será característico de la Edad Media, adoptará muchos nombres a lo largo de Europa, pero en los reinos hispánicos será conocido como Capelina. Este casco se caracteriza por ser esférico y poseer una generosa ala que servía para escupir los ataques de tajo que iban dirigidos a la cabeza. Son cascos que imitan la forma de un sombrero y eran muy común entre peones y ballesteros. Sin embargo, al igual que ocurría con los cascos nasales, ofrecía poca protección en la zona baja de la cabeza, por lo que también solía usarse en combinación con un almófar de cota de malla. A partir del siglo XIII podemos observar que los sargentos templarios usarán este tipo de casco, como bien podemos observar en los frescos de la iglesia de San Bevignate (Perugia, Italia).

La casa del recreador

A finales del siglo XII hacen su aparición dos cascos de características bien distintas, pero que llegaron a ser complementarios. Por un lado, el Casco Secreto (también llamado en francés Cervelliere, del que derivó el castellano Cervellera) es un casco de pequeño tamaño, esférico en sus inicios, que protegía la zona alta de la cabeza. Como los modelos antes mencionados, esta escasa protección se solventaba con su uso combinado con un almófar. Se le conoce como secreto porque era común utilizarlo bajo una capa o, incluso, bajo cascos más grandes, como el gran yelmo o casco de tonel. Es el precursor del bacinete. El otro casco que aparecerá a finales del siglo XII es el yelmo cerrado o de calva plana: es un casco medieval que presenta una protección completa en la parte de la cara, gracias a su facial, así como la del resto de la zona media y baja de la cabeza. Además presentaba la cima plana, una característica que compartirá con su sucesor directo, el gran yelmo.

En el siglo XII también se desarrollará un tipo de casco característico del medievo; el Bacinete. El Bacinete se caracteriza principalmente por ofrecer protección en las zonas laterales y traseras de la cabeza, sin embargo, la visera era opcional e incluso desaparecerá en modelos posteriores. Del mismo modo, los primeros modelos tendrán la cima redondeada, pero pronto irán evolucionando a cimas cónicas, mucho más efectivas a la hora de repeler los golpes. De este modo, los modelos de bacinete con visera y forma puntiagudas son típicos del siglo XIV. Por su polivalencia y prestaciones, el Bacinete es un yelmo muy común en la península, sobre todo los modelos que presentaban una protección nasal, que estarán muy extendido en el siglo XIII.

Para hablar del Gran Yelmo debemos trasladarnos a mediados del siglo XIII cuando aparecen los primeros ejemplos que no dejaban de ser, grosso modo, un cilindro de gran tamaño que protegía la totalidad de la cabeza. Con el tiempo evolucionará a formas más cuidadas y mejorará la protección que ofrece. Al igual que el Yelmo Cerrado, los primeros modelos del gran yelmo tendrán la cima plana, lo que supone un problema estructural, por lo que una de las primeras evoluciones importantes del gran yelmo será tender a una cima cónica. De este modo, los modelos de gran yelmo con cima cónica serán conocidos como Sugarloaf, pero en la península ibérica se nombran como yelmos de Zaragoza, por las numerosas fuentes procedentes del Reino de Aragón (véase las representaciones de la catedral de Mallorca y la ilustración inferior). Sin embargo, estos cascos del tipo gran yelmo, pese a presentar una potente defensa contra los ataques, limitaban en demasía la visión y su alto peso limitaba mucho los movimientos del combatiente, además de aumentar la fatiga y la sofocación del guerrero. Por ello era común utilizarlo en combinación con el Casco Secreto o, posteriormente, con el Bacinete. El Gran Yelmo ofrecería una fantástica ventaja dentro del choque entre las líneas, pero tras el impacto, el combatiente se lo quitaría – se lo dejaría a un siervo o lo colgaría del caballo – para continuar combatiendo con el más manejable Casco Secreto. Estos cascos perduraron hasta bien entrado el siglo XV cuando entraron en desuso en los campos de batallas, aunque modelos evolucionados se mantendrán más tiempo utilizados en los torneos.

sugarloaf
En el siglo XIV aparecen los primeros modelos de Celada; evolución del Bacinete que sustituye la protección de la nuca, hecha generalmente con cota de malla y remachada al casco (almófar), por una placa metálica. Además estaba dotada con visera, abatible o no, que permitía la visión por una rendija a la vez que, gracias a una serie de orificios, facilitaba la respiración. Con el tiempo la celada fue evolucionando, sobre todo la protección de la nuca, que pasó a ser una serie de placas articuladas que mejoraban notablemente el movimiento de la cabeza. En el siglo XVI aparecen las celadas Borgoñonas o Borgoñotas, popularizadas en España desde el reinado de Felipe el Hermoso.

Por último, mencionar dos yelmos que, si bien no son plenamente medievales, si parece importante incluirlos en este artículo sobre los cascos medievales. Uno es la Barbuta, un casco de origen italiano que recuerda, sobre todo en sus primeros modelos, a los cascos corintios de la Grecia Clásica. Este tipo de cascos, parecidos en la forma a los bacinetes, ofrecían una protección de la cara gracias a una apertura en “T”. El otro casco tardío es el Almete, una genialidad que se basaba en apoyar el casco, no en la propia cabeza del combatiente, sino que a través de un mecanismo, el casco iba unido a una gola que liberaba la cabeza dentro del casco, haciendo su uso más cómodo y mejorando notablemente su movilidad.

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