El origen del pugio romano entronca en su contacto cultural con los puñales bidiscoidales, en los duros enfrentamientos que mantuvieron contra los pueblos ibéricos a lo largo de todo el siglo II a.C. En origen, estos puñales, de gran manufactura, eran símbolo de la condición de hombre libre de su portador y, poco a poco, se convirtieron en un trofeo de guerra bastante codiciado por las tropas romanas. De esta forma, mientras avanzaba el siglo II a.C. se empieza a observar cómo aparecen en contextos arqueológicos puramente romanos estas piezas genuinamente iberas, producto bien de botines de guerra, bien del natural intercambio entre la fuerza de conquista romana y la población indígena. Sin embargo, no parece que la pieza, pese a su indiscutible uso por parte de los romanos por entonces, hubiera llegado a tener demasiada importancia. Polibio, en su descripción de la panoplia militar, la ignora por completo. De hecho, no será hasta bien entrado el siglo I a.C. cuando esta pieza sea adaptada por los armeros romanos y podamos empezar a hablar del pugio romano con propiedad. Es en este momento, además, cuando empieza a formar parte integrante -y casi imprescindible- de la panoplia del legionario romano.

pugio halternPugio romano encontrado en Haltern, Alemania, en 2019.

Poco a poco, durante el siglo I a.C. se extiende el uso del pugio entre los legionarios, hasta que en época de Augusto (o antes incluso) se puede considerar que formaba, como decimos, parte indispensable de la panoplia romana. Junto a la extensión del uso del pugio surge aparejada una general preocupación por decorar sus vainas, paralela a la decoración de los propios cinturones de los que pendían los pugiones. Sin embargo, lo más destacable de la evolución del pugio en esta época es la aparición de agarres en la vaina, lo cual indica que su forma de portar evoluciona en el tiempo. Por ejemplo, si en la estela funeraria del centurión Minucio hallada en Padova y datada en el 42 a.C. podemos observar como el pugio va agarrado al cinturón en posición horizontal, en otras estelas posteriores el pugio aparece en el costado contrario al del gladius, en posición vertical, sostenido gracias a los enganches o soportes que comentábamos más arriba.

Será del siglo I d.C. donde encontremos mayores evidencias arqueológicas de pugiones, tanto en contextos romanos como en contextos mas allá de las fronteras del Imperio. Sin duda, es el primer siglo de nuestra era el que supuso el auge de este arma, que no sólo acompañaba a los legionarios, sino que también se hizo común entre las tropas auxiliares. Esta extensión ha llevado a que muchos autores apunten que, pese a ser un arma auxiliar formidable, en la práctica el pugio se tratara más bien de una herramienta diaria para el soldado y que su uso en batalla sería más bien anecdótico o de "último recurso". No obstante, hoy en día este debate parece prácticamente superado y la mayoría de los autores actuales apuntan a que el pugio romano sí tenía utilidad como arma secundaria.

Pugio Lewen
La gran cantidad de pugiones hallados en distintos puntos del Imperio, pertenecientes al siglo I d.C. frente a la escasez de estos en el siglo II d.C. ha hecho pensar que este arma debió dejar de usarse en esta época. De hecho, ya no aparecen representaciones de pugiones en la Columna Trajana. Sin embargo, las últimas excavaciones han sacado a la luz que el pugio permaneció “en activo” durante el siglo II d.C. y que no es tan seguro que cayese en desuso. Tanto es así, que hacia finales de dicho siglo y comienzos del III d.C. se puede observar un repunte en los hallazgos de pugiones en el Imperio. En el siglo III d.C. encontramos que los ejemplos de pugiones mantienen las características básicas, variando el tamaño entre distintos puntos del Imperio, posiblemente adaptados a los gustos de las regiones que lo producían. Un ejemplo de pugio romano del siglo III d.C. es el hallado en la localidad bávara de Kunzig, disponible en nuestro catálogo.

Será en el siglo IV d.C. cuando los pugiones desaparezcan definitivamente de la escena militar romana. La introducción de nuevas armas por parte de las unidades foráneas – cómo la francisca o el sax – suponen un cambio radical de la panoplia militar romana. Un cambio que ya se vino observando a lo largo del siglo anterior. El pugio parece ser sustituido por un cuchillo con un solo filo y que se sustenta de forma paralela y horizontal. De este modo, tras más de tres siglos de servicio y ser pieza indispensable tanto para los legionarios como para miembros de las unidades auxiliares, el pugio romano desaparece de la panoplia militar del ejército más formidable de la Antiguedad.

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