El arco largo inglés (longbow), era un tipo de arco que se caracterizaba por su gran tamaño y potencia. Tenía cerca de dos metros de longitud y fué usado por los ingleses y galeses durante la Edad Media, tanto para la caza como para la guerra. Los expertos en armamento medieval subrayan la distinción entre longbow, para arcos de hasta unas 70 libras de potencia aproximadamente y warbow, término aplicado para arcos entre 70 y 145 libras aproximadamente. Eran el mismo arco, con solo una diferencia principal radicada en su destino. Los más potentes warbows eran los seleccionados por los arqueros que empuñaban arcos con fines militares exclusivamente, mientras que los longbow, más accesibles debido la menor fuerza necesaria para tensarlos, eran usados tanto en la guerra como en el ámbito civil y cinegético.

Los arcos largos fueron particularmente decisivos contra la caballería blindada de los franceses en la batallas como la legendaria de Agincourt, durante la Guerra de los Cien Años.

Tras esta breve pero necesaria introducción os hablaremos sobre los procesos que hemos llevado a cabo para construir una réplica auténtica de longbow. Para ello, nos basaremos en los originales encontrados en el naufragio del barco inglés de principios del siglo XV, el Mary Rose.

No realizaremos esta reconstrucción en madera de tejo, por tratarse de una especie protegida y en peligro de extinción, así que usaremos fresno, que también era empleado en este tipo de arcos. Anotemos que el tejo tiene propiedades algo mejores que el fresno, ya que es una madera aun más densa y de muy lento crecimiento. Almacena más tensión y la libera algo mejor. Partiremos pues de palos de fresno naturales, descortezados y “cocinados” para remover la savia. También se han secado un largo periodo de tiempo, que puede alcanzar meses y hasta dos años.

En La Casa del Recreador encontramos un producto ideal con estos procesos ya realizados, el palo de fresno.

A partir de esta materia prima e intentado partir de un palo con no demasiada diferencia de diámetro entre base y extremo, afinaremos el lado grueso, que constituyen la base a igualar con el extremo más delgado, que sería el extremo opuesto. Cortamos a la longitud deseada desde el lado más fino o grueso según convenga, en nuestro caso el grueso, lo que arrojó un arco base de 180 cm de longitud.

Usaremos un cepillo de carpintero para ir haciendo simétricos ambos extremos y un cepillo para cartón-yeso para correcciones finas. 

Una vez simétricos grosso modo los extremos, es el momento de comprobar con un calibre que ambas palas tengan el mismo diámetro en toda su longitud, para que el tensado sea homogéneo y el centro de masa del arco quede justamente en el punto medio.

Verificamos el proceso con el aspecto de los originales.

Cuando tenemos la forma básica llega el momento de añadir los protectores de cuerno de buey o toro. Esto protege los finos extremos de madera ante golpes accidentales y evita que las vetas de la madera se abran por el esfuerzo de uso prolongado.

Colocada la punta, la unimos con cola de hueso o cola de pescado. Si deseamos una unión mas confiable en el uso, solo tendremos que añadir un poco de resina epoxi. Una vez colocada la punta de cuerno (sin la muesca para la cuerda aun), usamos el montador de arcos para observar dónde tiende a doblar de forma mas fácil nuestro arco. Esa será la forma “natural” de tensarse para el arco.

Ahora sí podremos realizar la muesca con una fresadora para alojar la cuerda.

Rematamos el proceso, añadiendo en el centro un lienzo de cuero que permitirá un mejor agarre y reducirá tanto el desgaste de uso como el roce entre flecha y arco.

Ya solo quedaría terminar el lijado, con lijas finas, de las palas del arco y aplicar aceite de linaza sin secante, aceites orgánicos o ceras naturales para nutrir e hidratar la madera para un uso y durabilidad óptimos.

Dejamos que la madera absorba las sustancias y procedemos a colocar la cuerda para ver el resultado final.

Notas sobre la cuerda:

  • Lo ideal e históricamente ajustado es usar una cuerda de lino encerada (con cera virgen de abeja) y con un trenzado de tipo flamenco, que además de ser el histórico aporta más resistencia.
  • El número de hilos de la cuerda depende de la potencia de nuestro arco.
  • Su longitud debe ser 10 cm más corta que la distancia entre muesca y muesca (la que hemos realizado en las puntas de cuerno).
  • La distancia entre el centro del arco y la cuerda una vez instalada, debe de ser aproximadamente la que abarca el puño del portador con el pulgar extendido.

¡Y ya tenemos nuestro arco terminado! Con una potencia que en un principio marcó 73 libras, pero que, con el uso, se estabilizó en casi 69 libras. ¡Justo el límite entre un longbow y un warbow!

Recordemos que este arco es un arma y se requiere de licencia de arquería tanto para el transporte como para su uso.

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