LOS JUDÍOS A COMIENZOS DE LA EDAD MODERNA: EL MEDITERRÁNEO Y EUROPA CENTRAL

LOS JUDÍOS A COMIENZOS DE LA EDAD MODERNA: EL MEDITERRÁNEO Y EUROPA CENTRAL

El pueblo judío, en la Edad Moderna, fue una de las comunidades mejor organizadas y con suficiente autonomía para asegurar su supervivencia mediante sus redes sociales y comerciales. No debemos olvidar, que este, era un pueblo nutrido en el exilio y en la tolerancia de las diferentes poblaciones con las que llegaron a convivir. La narrativa de la expulsión y exilio judío se mantuvo ligada a esta religión desde la destrucción del segundo Templo de Jerusalén (70 d.C.) y determinó parte de la vida diaria del judío, leyes, tradiciones, oraciones, vestimenta, hábito, etc.

Todo esto y libros como el propio Talmud, con sus versiones “Babli” o “Jerusalmi”, es decir, Talmud de Jerusalén o Talmud de Babilonia, nos indican el calibre de la dispersión y la diáspora judía.

Otros episodios de expulsión, más tardíos, condicionarían la inmigración judía de los siglos XV y XVI así como su demografía. Acontecerían en reinos y territorios como Gran Bretaña en 1290, el Reino de Francia en 1394 y la Península Ibérica en 1492 (España) y 1497 (Portugal). Provocaron una expansión demográfica por Europa Central, el Mediterráneo Oriental e Italia.

                                  JUDIOS

(Las manos de Dios haciendo entrega de la Ley a Moisés. Miniaturas de un libro de oraciones procedente de Ámsterdam en 1450)

Las nuevas comunidades del siglo XV recibirían el nombre de “Sefaradíes”, judíos de origen hispanoportugués que tras el periodo de las expulsiones se establecieron en el Norte de África e Italia. Sabemos que una minoría alcanzaría los Países Bajos, Alemania y Palestina. Estos nuevos pobladores sefaradíes entraron en contacto con la otra gran comunidad judía del siglo XV, los “Ashkenazíes”. Estos eran los judíos establecidos en Europa Central, tenían una lengua y tradiciones de culto y vestimenta diferentes a los sefaradíes (los sefaradíes hablaban el ladino y los ashkenazíes el yiddish), sin embargo ambas comunidades compartían el hebreo y el estudio del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio). Los judíos de ambas corrientes pudieron convivir en muchas ocasiones en paz y en la misma judería, el ghetto como decían en Italia. Leyes como la de Pablo IV en 1555, declaraban el uso obligatorio del ghetto en todos los estados de la Península Itálica.

“En los países de su exilio, los sefardíes convivieron intensamente con otros pueblos y culturas: en lo religioso, con musulmanes y cristianos (católicos, protestantes y ortodoxos), y con judíos de otros orígenes; en lo lingüístico, con gentes que hablaban portugués, francés, flamenco o neerlandés, italiano, alemán, serbocroata, griego, búlgaro, rumano, turco o árabe; con latinos, germánicos, eslavos, griegos, árabes y otomanos,”

(Paloma Díaz Más, Aula Abierta. pp, 4.) 

Durante los siglos XV y XVI Europa se encontraba ante una gran incógnita: ¿Quién debía regular a las comunidades judías?

Por un lado encontrábamos a los partidarios de los Estados Pontificios, debía ser el papa mediante un conjunto de bulas y concilios el que regularizara, vestimenta, ubicación y doctrina judía respecto a los cristianos viejos. Por otro lado encontrábamos a los partidarios del emperador, debía ser la autoridad episcopal y civil del Sacro Imperio quien dictaminara estas leyes. La tercera y última posición consistía en una legislación para la comunidad judía impuesta desde los propios reinos, principados o estados en coordinación con las diócesis locales.

Finalmente nos encontramos ante una Europa en la que el Papa dictaminó la vida de los judíos en los Estados Pontificios hasta su expulsión final en 1593. Por parte de los territorios germanos y franco-belgas el emperador acogió como protegidos a los judíos, en mayor o menor medida. Esto fue así hasta las expulsiones judías en Europa Central, destacando Brandemburgo (1510), Sajonia (1537), Mühlhausen (1540), Brunswick (1543), Hannover (1553) y Berlín (1570).

En el caso de la Europa Mediterránea, destacarían las comunidades judías asentándose en los estados italianos. Ejemplo de ello son las comunidades de Venecia, Padua, Verona, Lombardía, Mantua, Florencia, Parma, Urbino, Módena y los Estados Pontificios. En estos casos, los judíos llegaban a acuerdos con los señores de las repúblicas o estados autónomos, por los que pasaban a quedar bajo su protección, del mismo modo quedaban condicionados por sus decisiones y limitaciones. El acuerdo más común con estos señores era el del tipo Condotta. También existían otros tipos, por los que se permitía a la comunidad una corte rabínica que ejerciera un autogobierno con embajada en el gobierno cristiano. Los judíos llegaron a gozar de un estatus de privilegio en la República de Florencia (1115 – 1532) donde eran propiedad del Dux y considerados extranjeros con un permiso permanente de residencia. En Italia también se dieron serias expulsiones como es la de los Estados Papales, ya mencionada, o la expulsión de Nápoles con sus fuertes persecuciones de 1531 a 1540.

JACOB E ISAAC

(Una lección moral: el sacrificio de Isaac. Pintura de 1679)

¿Cómo vivían los judíos?

Como ya hemos mencionado dependiendo la vertiente (ashkenazí o sefaradí) se llevaba un estilo de vida que determinaba la liturgia, la vestimenta y los alimentos. En Alemania y Bélgica la mayor parte de población judía era ashkenazí, las leyes de restricción eran realmente duras. No se permitían los matrimonios mixtos, los judíos debían encontrarse en barrios separados, no se les permitía ejercer la usura dentro de su comunidad, no podrían hacer uso de baños públicos y no podrían manipular alimentos que fueran a ser consumidos por cristianos. Además de todo esto, debían ir diferenciados en vestimenta mediante un tipo de sombrero, una “capucha” o un parche distintivo dependiendo del territorio que habitaban.

Esto no significa que los judíos se encontraran realmente limitados en sus redes comerciales u oficios. Fuera de su comunidad aún podían ser tesoreros reales o de corte, consejeros, médicos, prestamistas y comerciantes de especias. Dentro de su kehilá (comunidad) disponían de una gran base heredada de redes y relaciones de las que hacían uso para establecer negocios con las restantes comunidades judías europeas.

Un caso interesante de estudio es el de las “imprentas hebraicas” en Italia. La gran influencia del Renacimiento italiano introdujo en los textos de culto bellos decorados y miniaturas. Esto produjo un comercio de libros, relacionado con la liturgia, que serían exportados por toda Italia y Europa.

Estos libros nos llevan a la Educación judía basada en el estudio constante de la ley escrita y oral como nos indica J. Edwards (1988). Las comunidades fundaban sus importantes escuelas talmúdicas, estos grandes centros de estudio dirigidos por uno o varios rabinos, estudiaban los libros sagrados (Tanaj, Zohar, Talmud, Mishná y Kabalá) y mediante sus alumnos debatían el uso de sus enseñanzas para la vida diaria de la comunidad. Llevaban a cabo el ejercicio de la duda, cuestionar e interrogarse a sí mismos sobre las motivaciones, ritos, filosofía y el modo de entender al ser humano. Las grandes escuelas del siglo XVI se encontrarían en la Europa Oriental destacando las polacas.

Como hemos indicado con anterioridad el Renacimiento afectó igualmente a la comunidad judía europea, dentro de su sistema educativo comenzó a surgir la educación por tutores donde destacaría la figura del gran Rabí Yehua Aryeh en Venecia (1571 – 1648). La visión de la enseñanza judía se recuperaba a partir de aquel momento, el legado del Rabí Akiva (50 d.C – 135 d.C.) enseñaba: “Educa al niño de acuerdo con su camino (…)”.

En esta misma etapa encontramos esta dedicatoria de un padre a su hijo en su libro de oraciones, Sidur, por su mayoría de edad o Bar Mitzvah

“A los 3 años de edad, conoció a su creador. Bendecido por el Señor durante el primer día de Iyar de 1560 empezó a estudiar. A la edad de 4 años y medio recitó la haftorah en la sinagoga… Empezó a escribir a la edad de 5 años y medio. A los 6 años y medio él, gracias a Dios, empezó a ponerse los teffillin. A los 8 años y un mes … él empezó a estudiar el Alfasi… A los 12 años y medio empezó a leer la Torah en la sinagoga.”

RABI

(Rabí Yehuda Aryeh)

Este interesante texto nos induce a pensar que a pesar del dogma, uso de las filacterias a los 12 años y primera lectura de la Torá en público a los 13 años, el judaísmo por su gran dispersión geográfica e influencias culturales, sufrió todo tipo de cambios como producto de la interacción con un gran abanico de pueblos a lo largo de su historia. Quedaría así influenciado en mayor medida el Judaísmo Ashkenazí por Europa Occidental. En el caso del Judaísmo Sefaradí, las mayores influencias se darían por la Europa Mediterránea y el Norte de África.

BIBLIOGRAFÍA

  • Edwards, J. (1988). The Jews in Christian Europe 1400-1700. London: Routledge London and New York.
  • Herman, D. (2011). An Unfortunate Coincidence: Jews, Jewishness and English Law. England: Oxford University Press.
  • Connaisance des Arts 2010 Spécial Israël Dominique Jarrassé. Editores Groupe Les Echos Paris – Francia
  • Maguen Escudo. Revista Trimestral de la Asociación Israelita de Venezuela y del Centro de Estudios Sefaradíes de Caracas: Caracas.
  • Sloyan, G. (2007). Christian Persecution of Jews over the Centuries. Temple University.

Jonathan Bar Shuali. Grado en Historia por la UCM, colaborador en la Cátedra Extraordinaria Complutense de Historia Militar y Presidente de “Fusiliers – Chasseurs Madrid estudios Napoleónicos”.

Publicado el 19/11/2019 por Jonathan Bar Shuali, Historiador 0 522

Dejar un comentarioResponder

Tiene que estar conectado para publicar un comentario.
Ant
Sig

No hay productos

Para determinar Envío
0,00 € Total

Ir a la caja