LAS NUEVAS LEGIONES DE CONSTANTINO EL GRANDE (306-337 D.C.)

LAS NUEVAS LEGIONES DE CONSTANTINO EL GRANDE (306-337 D.C.)

Constantino fue uno de los grandes reformadores del ejército romano, equiparable en este aspecto a emperadores como Augusto, Septimio Severo o Diocleciano. De hecho, ese “nuevo” ejército reestructurado a lo largo de sus más de treinta años de gobierno constituyó la base del poder militar romano de los siglos IV y V. No obstante, a lo largo del s. III se habían ido produciendo ya significativos cambios en la estructura militar del Imperio, por lo que en algunos ámbitos Constantino, simplemente, acabó culminando determinadas tendencias. Una de ellas era, como veremos a continuación, la disminución del tamaño de las unidades.

Las reformas militares de Constantino se fueron desarrollando desde su ascenso al poder en 306, aunque las más importantes quedaron implementadas a partir de su gobierno en solitario (324-337). Entre ellas, cabría destacar su profunda intervención en la cúpula militar del Imperio. Así, el antes todopoderoso Prefecto del Pretorio quedó convertido en un alto funcionario civil. En consonancia con la anterior medida, el mando del ejército fue subdividido entre dos “Jefes de Estado Mayor Imperial”, un magister militum, al frente del conjunto de las unidades de infantería, y un magister equitum, al mando de la caballería. Con ello pretendía arrebatar a cualquier posible pretendiente al trono el control de una de las dos grandes ramas de las fuerzas armadas.

Por lo que respecta a la infantería, desde mediados del s. III, especialmente a partir de Galieno (253-268), numerosos destacamentos (vexillationes) procedentes de las legiones fueron mantenidos de forma continuada en el ejército imperial de maniobra (comitatus). Diocleciano (285-305), a pesar de crear varias unidades legionarias de orgánico tradicional (diez cohortes, unos cinco mil soldados), también recurrió en última instancia a la progresiva fragmentación de estas fuerzas en vexillationes. Éstos serían, con gran probabilidad, los orígenes de la reestructuración acometida por Constantino, pues a comienzos del s. IV las legiones estaban operando ya relativamente dispersas en destacamentos de entre quinientos y mil hombres (vexillationes legionarias menores tendrían un valor táctico muy limitado, aunque se emplearan para labores de guarnición, control y supervisión). El paso de independizar orgánicamente estos destacamentos de sus unidades de origen habría sido relativamente sencillo.

La consolidación por Constantino de este modelo de unidades legionarias en torno a los mil soldados habría de mantenerse vigente durante todo el s. IV. Esta medida quizá no hubiera supuesto un cambio significativo para muchas de las unidades ya existentes, pues, en no pocos casos, las vexillationes legionarias habían estado destacadas durante períodos tan prolongados que, de facto, habían pasado a ser prácticamente independientes de su legión matriz. Por otra parte, las unidades legionarias creadas por este emperador ya lo habrían sido adoptando ese novedoso módulo reducido. Finalmente, los nuevos contingentes de caballería (denominados también vexillationes) y las antiguas alae y cohortes de infantería auxiliar habrían contado con unos 600 hombres como dotación.

La unificación del Imperio por Constantino el Grande (306-324)

Legiones / Auxilia, misma nomenclatura, distintas realidades

Durante el período constantiniano, al igual que durante todo el s. IV, la infantería constituía el grueso del ejército romano y era la que ganaba o perdía las batallas, actuando la caballería en labores de reconocimiento, avanzada y protección de los flancos del despliegue. Las unidades de infantería siguieron recibiendo las tradicionales denominaciones de legiones y auxilia y puede que algunas de las legiones fronterizas aún mantuvieran una organización parecida a la de períodos precedentes, integradas por varias cohortes (sin alcanzar nunca las tradicionales diez de los primeros siglos del Imperio). La gran reforma de estas unidades tuvo lugar a partir de la victoria de Constantino sobre Licinio (324).

Durante el Principado, el grueso del ejército se había desplegado en las provincias fronterizas. Severo (193-211) asentó a la Legión II Parthica cerca de Roma, combinándola con la Guardia Pretoriana para controlar una fuerza relativamente importante a su inmediata disposición. Galieno (253-268) concentró vexillationes legionarias y unidades de caballería de élite en el Norte de Italia. Diocleciano y Maximiano (285-305) reunieron unidades de alta calidad en sus comitatenses (tropas de maniobra), incluyendo algunas legiones de élite panonias. Tradicionalmente, se pensaba que esta tendencia a concentrar tropas en el interior del Imperio estaba ligada a la necesidad de reservas estratégicas, permitiendo al emperador lidiar con incursiones hostiles que no podían ser detenidas por las tropas situadas en cordón a lo largo de la frontera. Esta visión, sin embargo, no queda apoyada por la evidencia y parece que habría que considerar al comitatus como la garantía última de poder del emperador contra sus posibles rivales políticos. El control de tal ejército incrementaba, además, la probabilidad del apoyo de las provincias, ansiosas por verse protegidas por tal concentración de tropas ante los problemas locales. Todas estas fuerzas proporcionaban la base de los ejércitos de campaña cuando el emperador decidía iniciar una guerra exterior o tenía que hacer frente a un conflicto en el interior del Imperio. De este modo, los ejércitos de campaña proporcionaban al emperador seguridad personal y la posibilidad de llevar la guerra allí donde se requería, pero no dejaban de ser un arma de doble filo. Un emperador no podía permitirse ubicar una concentración de tropas donde pudiera ser sobornada por un rival y necesitaba mantener un férreo control sobre los comitatenses.

Spataha Romana

Constantino, en consonancia con los precedentes mencionados y necesitado de eficacia operacional, arrebató progresivamente a las fronteras las mejores unidades para situarlas en reserva estratégica, dispuestas a la intervención, generalizando un sistema adoptado entre 313 y 324, cuando debía vigilar los límites de su porción del Imperio y acometer dos guerras civiles (contra Majencio y Licinio). La sanción a esta nueva doctrina llegó mediante una constitutio en 325 con la que reformaba el ejército de tierra, que quedó estructurado en tropas de intervención (comitatenses), tropas fronterizas (ripenses) y soldados de alas y cohortes (alares y cohortales); a mediados del s. IV, estos dos últimos grupos quedaron englobados dentro de las tropas de limitanei (contingentes de frontera), ampliándose la nómina de unidades con los pseudocomitatenses (tropas fronterizas ascendidas al ejército de maniobra).

 La unificación del Imperio por Constantino el Grande (306-324)  

Los ripenses constantinianos estaban distribuidos entre los distintos fuertes fronterizos y su deber consistía en proteger el área que se les había encomendado; además de actuar como elemento disuasorio frente a los ataques, estas tropas también desempeñaban funciones de policía y de seguridad interna, actuando como defensa contra el bandidaje y apoyando también a los oficiales imperiales, como recaudadores de impuestos y magistrados. Estos contingentes se encontraban bajo el mando de “duques” (duces limitis), que tenían a su cargo un determinado distrito de frontera con las unidades militares asignadas al mismo. En caso de penetración profunda del enemigo, estas tropas fronterizas tenían orden de permanecer en su posición y esperar la llegada de refuerzos que pusieran fin a la agresión. No se trataba, en absoluto, de una milicia local de granjeros-soldado, como se ha dicho a veces, sino de unidades regulares del ejército. De hecho, los limitanei, si bien eran empleados para oponerse a amenazas enemigas de baja intensidad, podían incorporarse también a los ejércitos de campaña que operasen en el área. Las unidades destacadas a un ejército de campaña por un largo período de tiempo asumían el rango de pseudocomitatenses.

Los comitatenses, por su parte, integraban el ejército de maniobra (comitatus), cuyos precedentes a lo largo del s. III d.C. hemos mencionado más arriba. Este ejército móvil estaba compuesto por destacamentos desgajados de las antiguas legiones ubicadas en las fronteras, así como por unidades de nueva incorporación; las que habían pertenecido a las legiones del período precedente conservaban su nombre y ordinal. La mayoría de las nuevas unidades fueron reclutadas por Constantino. Al tratarse de fuerzas móviles, los ejércitos de maniobra no tenían cuarteles fijos y su composición variaba en función de la amenaza a la que tuvieran que enfrentarse. Como hemos adelantado, Constantino nombró dos altos subordinados, el magister equitum y el magister peditum, bajo los cuales se hallaban los comites, que mandaban destacamentos inferiores. Este ejército, cuando el emperador se encontraba al frente, recibía el título de Praesentalis.

En los ejércitos de maniobra, el grueso de las unidades de infantería correspondía a los auxilia palatina, unidades de élite reclutadas a partir de Constantino; puede que cada una de ellas contara con unos 500 hombres, pero su orgánico en campaña no parece que hubiera podido ascender a más de 300 ó 400. Tanto las legiones constantinianas como las tropas de auxilia palatina combatían en formaciones cerradas para derrotar al enemigo cuerpo a cuerpo, pero parece que estas últimas tropas eran más flexibles y contaban con capacidad para operaciones de hostigamiento, actuando con un equipamiento más ligero que el que endosaban cuando combatían en primera línea.

Cota de malla tardorromana

Las legiones, por su parte, redujeron bajo Constantino definitivamente su orgánico a unos mil soldados (el equivalente a dos cohortes altoimperiales). Esta nueva organización les otorgaba más flexibilidad, pero también les limitaba en el tipo de operaciones al que podían hacer frente. También existía un complejo sistema de preeminencia entre unidades, con títulos como seniores y iuniores, probablemente como resultado de la división de algunos contingentes en una fecha desconocida. La estructura de las unidades menores también sufrió cierta modificación; durante este período la centuria pasó a estar compuesta por cien hombres (en lugar de los ochenta tradicionales) al mando de un centenarius (rango equivalente al de centurión), mientras que los “pelotones” pasaron a estar integrados por diez hombres (en lugar de los ocho del contubernium altoimperial) con un decanus al frente.

Los ejércitos de campaña eran móviles en el sentido que, a diferencia de los limitanei/ripenses, no estaban asignados a una región fronteriza en particular que pudiera sufrir en su ausencia. Su retirada de las fronteras y su concentración, normalmente en o cerca de ciudades, en teoría significaba que no estaban llamados a desempeñar funciones de policía o tareas administrativas. Pero tampoco hay que exagerar su movilidad y disponibilidad como reserva estratégica, pues la velocidad de estos ejércitos quedaba limitada por la del infante en marcha. Una restricción incluso más determinante era la necesidad de abastecer a una fuerza en movimiento y en el área de campaña.

Constantino creó, además, una nueva guardia imperial tras la definitiva desaparición de los pretorianos en 312. Después de disolver este cuerpo, a cuyos supervivientes distribuyó entre las legiones a lo largo de las fronteras del Imperio, la guardia personal del emperador quedó constituida por scholae, unidades en las que destacaban algunos contingentes germanos que lo habían acompañado en sus campañas precedentes. Para su guardia de corps, el emperador también disponía de protectores domestici, creados ya en el último tercio del s. III y que constituían también un importante vivero de oficiales. Las scholae palatinae, unidades de caballería de elite de tipo quingenario (unos 500 hombres de dotación) poseían impresionantes habilidades de combate. De hecho, a pesar de que su número nunca fue superior a once o doce, estas unidades son ampliamente citadas en las fuentes por sus intervenciones en campaña.

Equipamiento y tácticas:

Las protecciones corporales de las tropas de infantería pesada de los ejércitos de Constantino estaban integradas por coraza (de malla, de escamas y, en menor medida, corazas anatómicas, sobre todo para los mandos; cierto volumen de segmentatae continuaban también en uso a comienzos del s. IV (1), escudo (redondo u oval, provistos de umbo central metálico) y casco (Spangenhelm, Intercissa, Burgh Castle; otros más exclusivos, como los Berkasovo o Deurne (en la imagen), se reservaban para la oficialidad; de hecho, Constantino llevó un modelo Berkasovo ricamente decorado con gemas durante la batalla de Puente Milvio en 312(2). Como armas de ataque, además de la spatha, podían llevar toda una serie de proyectiles como el spiculum o la plumbata, junto a un tipo de jabalina más liviana que el antiguo pilum, la lancea (ya ampliamente empleada desde fines del s. II d.C.). Para operaciones ligeras es probable que las tropas sólo estuvieran equipadas con jabalinas, dardos y escudos.  Las tácticas de la infantería del s. IV eran menos agresivas que durante el Principado. La descarga de pila antes del choque fue sustituida por una muy superior descarga de dardos, proyectiles y flechas como apoyo inmediato. Los ataques de la infantería bárbara eran normalmente recibidos a pie firme, sacrificando moral para asegurar la cohesión de la línea romana, tras haber lanzado el mayor número posible de armas arrojadizas. En el caso de los persas sasánidas y sus grandes cantidades de arqueros, era más común el sacrificio del orden en favor de un avance a la carrera que limitase las pérdidas provocadas por las flechas enemigas.Las tácticas de choque del principado eran probablemente más efectivas a la hora de obtener un resultado decisivo en el cuerpo a cuerpo y ganar una batalla; además, la legión de cinco mil soldados estaba diseñada para grandes enfrentamientos. Por su parte, si bien el ejército romano a lo largo del s. IV mantuvo el tradicional énfasis en el empleo de reservas, desplegando en más de una línea como norma, el menor tamaño de sus unidades les habría restado experiencia en operaciones de apoyo mutuo. Con todo, los milites constantinianos seguían siendo profesionales de largo servicio, aunque algunas formas de conscripción se habían ido convirtiendo en métodos más comunes de reclutamiento que el alistamiento voluntario. Los hijos de los soldados eran obligados a servir en el ejército y los terratenientes locales eran compelidos a suministrar una cuota de hombres. El servicio militar no siempre era popular y hubo frecuentes intentos por evitarlo. No obstante, una vez en el ejército, los hombres parecían adaptarse a la carrera militar. Las fuentes mencionan frecuentemente deserciones, pero éste siempre fue un problema para el ejército profesional, siendo imposible calcular si la situación había empeorado o no.

Algunos contingentes del ejército eran reclutados total o parcialmente entre los bárbaros de fuera del Imperio. Muchos conscriptos procedían de laeti, grupos de bárbaros asentados en territorio romano. El empleo de tales tropas extranjeras tenía una larga y distinguida historia y hay pocas evidencias que permitan suponer que la calidad del ejército se redujo por el reclutamiento de “bárbaros”. Los oficiales en particular eran empleados en lugares alejados de su zona de origen, pero la mayor parte de los reclutas foráneos parecen haber estado contentos de luchar para Roma, incluso contra su propio pueblo. La adopción del grito de guerra germánico, el barritus, por algunas unidades de infantería romanas parece haberse producido como consecuencia de la influencia de los reclutas germánicos; igualmente, podía haber sido incorporado por los romanos porque estaban al tanto de que los germanos lo encontraban intimidatorio.

Potencialmente, el ejército romano de Constantino y sus sucesores era una fuerza de combate extremadamente eficiente. Su profesionalismo, disciplina, entrenamiento y equipamiento apoyados por un sistema logístico bien organizado le otorgaban ventajas significativas sobre cualquier oponente. Bien dirigido, un ejército romano era capaz de derrotar a fuerzas enemigas superiores. Sin embargo, para alcanzar todo su potencial se veía frenado por la nueva estructura de mando consolidada por este emperador, fuertemente compartimentada a todos los niveles, desde el poder imperial hacia abajo, lo que hacía difícil coordinar operaciones a nivel de todo el Imperio. La gran cantidad de duces y comites y la división entre administración civil y militar a menudo no dejaba claro quién era el responsable de lidiar con los problemas fronterizos y ralentizaba el proceso de reunir y abastecer un ejército. Las frecuentes guerras civiles, los únicos conflictos en los que las batallas eran habituales, desperdiciaban el potencial del ejército en costosas campañas, mientras desnudaban de tropas las fronteras, permitiendo el crecimiento de las amenazas exteriores. La única garantía de poder provenía del ejército, pero el lazo más cercano e inmediato entre los soldados y el emperador sólo incrementaba la posibilidad de usurpaciones. La debilidad de la autoridad central potenciaba el desarrollo de poderes regionales, que sólo podían ser mantenidos a raya mediante la presencia de tropas. De este modo, si bien había más soldados en armas, era en cambio más difícil reunir ejércitos de más de 20.000 hombres y peligroso involucrarlos en un conflicto demasiado tiempo en un área determinada.

Concepciones estratégicas

Poco después de suceder a su padre Constancio Cloro en 306, Constantino procedió a restablecer la línea defensiva del Bajo Rin, creando nuevas unidades para asegurarla. En 306 incluso llegó a atacar a los brúcteros del otro lado del río, retomando un espíritu ofensivo que precedió a los trabajos de refortificación. La del Rin, por tanto, habría que calificarla en esta primera etapa de su gobierno como defensa avanzada. Sin embargo, entre 312 y 324, Constantino renunció a dicha estrategia debido a las guerras civiles que tuvo que combatir contra Majencio y Licinio. Constituyó, así, con sus mejores tropas una reserva en torno a Milán destinada a intervenir contra el ejército de Licinio, pero desguarneció las fronteras, adoptando un tipo de defensa más elástica que se apoyaba en la fortificación de toda una serie de ciudades y puntos fuertes en el interior del territorio con la misión de detener a los invasores hasta la llegada del ejército central de intervención. Tras su victoria en 324 sobre Licinio, Constantino erigió una serie de baluartes en las orillas del Danubio y en Panonia, volviendo en este teatro de operaciones a un tipo de defensa lineal a la que había ido renunciando progresivamente en el área del Rin. Las obras de fortificación y las campañas transdanubianas reflejan, por tanto, una estrategia de defensa avanzada para aquéllos períodos en los que Constantino no se veía constreñido por guerras civiles. En efecto, entre 325 y 334 las fuerzas de élite comitatenses solían acantonarse en las fronteras, protagonizando campañas contra enemigos exteriores. Pero en los últimos años del reinado, de 334 a 337, con la paz asegurada en las fronteras, las tropas de choque parecen reubicarse en la retaguardia, confirmando un cambio de tendencia reflejado por autores como Zósimo; con todo, no podemos asegurar que estemos ante un cambio de estrategia consciente hacia un tipo de defensa calificado de “en profundidad”, pues eso suponía asumir que los ataques de los bárbaros podían llegar a penetrar significativamente en territorio romano antes de una reacción imperial, con las consiguientes pérdidas económicas y de prestigio; tanto Constantino como sus sucesores inmediatos debían ser conscientes de este hecho, más aún teniendo en cuenta los acontecimientos de mediados del s. III. En este sentido, Roma nunca aceptó conscientemente un papel pasivo en relación con los bárbaros, sino que siempre que era posible la respuesta era inmediata y, en ocasiones, las represalias llegaban más allá de las fronteras, en un tipo de estrategia muy similar a la de épocas anteriores. El hecho de que no siempre pudieran responder con la celeridad suficiente o en la proporción de fuerzas que les hubiera gustado era consecuencia de las nuevas circunstancias, pero no de una claudicación consciente por parte de Roma y sus dirigentes.

Notas:

(1) Para ampliar conocimientos sobre la lorica segmentata, tiene a su disposición otro artículo de nuestro blog.

(2) Para ampliar conocimientos sobre la evolución de los cascos romanos, tiene a su disposición un artículo específico de nuestro blog.

Bibliografía sucinta:

- Cowan, R., Roman Legionary AD 284-337. The Age of Diocletian and Constantine the Great, Oxford-Nueva York, 2015

- Goldsworthy, A., La caída del Imperio Romano, Madrid, 2009.

- Jones,A.H.M., The Later Roman Empire, 284-602: A Social, Economic, and Administrative Survey, Oxford, 1964.

- Le Bohec, Yann y Wolff, C. (eds.), L’armée romaine de Dioclétien à Valentinien Ier, París, 2004.

- Le Bohec, Y., “Constantin Ier et l’armée romaine”, en Guichard, L. (ed.), Constantin et la Gaule, Nancy-París, 2016; 245-252.

- Luttwak, E.M., The Grand Strategy of the Roman Empire, Londres, 1999.

- Parker, H.M., “The Legionsof Diocletian and Constantine”, JRS 23 (1933); 175-189.

- Richardot, Ph., La fin de l’Armée Romaine (284-476), París, 1998.

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Publicado el 13/03/2017 por A. Raúl Menéndez Argüín, Doctor en Historia e Investigador 0 6980

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